Año 16, Número 228.

La escuela Intercultural bilingüe Kalmekak tiene retos por enfrentar y metas por cumplir. La implementación de una materia para la enseñanza de una lengua originaria no es fácil para las escuelas que cuentan con esta modalidad, sin embargo, ayudan al impulso de su revitalización.

Fotografía: Kenia Hernández

Kenia Hernández

“Aquí en el municipio, la lengua (náhuatl) ya casi es nula, por lo mismo de que no se tiene ese uso entre las personas ¿Cómo ayudamos? Inculcando de una u otra manera las bases para conocer lo de la lengua; el alfabeto, o material que preparamos para trabajar con la lengua, tenemos rompecabezas del cuerpo humano, rompecabezas de animales, de frutas y verduras. Esto es una forma de que no siempre sea teórico, sino que a través del juego ellos se familiaricen con las palabras”.

Las lenguas originarias en México no son materia de enseñanza en nivel básico, sin embargo, aún quedan escuelas interculturales bilingües, como la Primaria Kalmekak, ubicada en el municipio de Tuxpan, Jalisco. Esta institución, que tiene como director a Leodegario Cortez Martínez, hablante nativo de la lengua náhuatl, incluye en su formación educativa una materia de esta lengua.

La estrategia de enseñanza se enfoca en la lengua de uso común, así lo explica Leodegario: “con los niños, mientras están en la escuela, cada maestro tiene una planeación en la cual se contempla lo que es la lengua y lo van trabajando con el fin de tener un diálogo, tal vez no dominante, pero sí lo básico, como pedir permiso para ir al baño, dar las gracias, saludar en la mañana cuando entramos, al igual que el himno nacional, el cual todos los lunes en los honores lo entonamos en la lengua náhuatl. Los padres de familia, de una u otra manera les interesa que sus niños por lo menos conozcan un poquito de lo que es la lengua indígena y por eso es que vienen aquí con nosotros, porque se les hace bien que se esté trabajando así”.

Dentro de la escuela, además de tener las materias ya establecidas por el programa de la Secretaría de Educación Pública de México, se les imparte una materia extra a los niños en donde aprenden temas básicos para así fomentar el habla de la variante náhuatl del Sur de Jalisco como segunda lengua.

“En años anteriores recibíamos los cursos o los talleres que eran por parte de la Dirección de Educación Indígena que está en Guadalajara y ellos buscaban los medios para juntar a las escuelas, las dos de aquí y las otras escuelas que se encuentran en el municipio de Cuautitlán […] se estuvo trabajando un libro que lo estamos implementando nosotros aquí en la escuela. Es un primer libro donde colaboramos todos los que pertenecemos a la educación Indígena de la región Sur y de la Costa Este […] el detalle es que se truncó porque ya no hubo más reedición, pero esperemos que una vez que ya se estabilice todo y estén los que convocan, nos puedan favorecer con un taller de esos textos, porque la verdad en esos aspectos sí nos falta un poquito de apoyo”, explica el director del plantel.

La escuela Kalmekak tiene una dimensión de unos 20 por 50 metros; el terreno es casi rectangular y tiene una superficie de unos 1,000 metros cuadrados, aproximadamente, un plantel pequeño, si se compara con otros planteles interculturales o en general. El ingreso lleva directamente al patio de actividades, que no tiene una sombra o domo para proteger contra la interperie. Los 209 alumnos están distribuidos en siete salones, que aún conservan la misma fachada desde hace más de 30 años.

Cortez Martínez desea, al igual que la mayoría de los directivos de planteles, que sus instalaciones estén actualizadas, tengan mantenimiento o se cuente con lo necesario para el trabajo diario: “Hemos solicitado con respecto al mobiliario de los niños, porque el que tenemos está desde el año noventa y ocho, noventa y nueve. Y hay unos que sí están muy deteriorados y han sido reparados por los padres de familia. Sacan la medida de la mesa y traen o consiguen una tabla para ponerla en esa parte, pero estar haciendo eso como que no, sabiendo que hay instancias donde nos pueden proveer de eso y nomás no recibimos respuesta favorable al respecto”.

El apoyo que recibe la escuela Kalmekak, a diferencia de otras primarias interculturales como las de comunidades wixárika, se diferencia principalmente por el inmobiliario. Esto no es responsabilidad directa de los dirigentes de las escuelas, sino de las instancias de educación que se hacen cargo de estas peticiones, que les hacen llegar los directivos.

“Ni intendente tenemos aquí por la cantidad de alumnos que tenemos. El director anterior estuvo insistiendo en esa parte y nada, y ahorita tampoco. En este tiempo que llevo de noviembre a la fecha hemos metido dos solicitudes para ese mismo fin y nomás no, no nos llegó una respuesta. Está en la lista y nada más. Pero no hay una seguridad, ni certeza de que sí nos van a dar apoyo”, explica Ledegario, con un tono de voz que muestra perseverancia para solicitar la necesaria implementación de nuevos materiales.

Para él existen metas por cumplir, sobre todo al trabajar en una escuela bilingüe que, además de cumplir con el programa nacional del nivel básico, busca transmitir la importancia de las lenguas originarias y la identidad cultural: “Mi meta es llegar ser el mejor dentro del aula, porque la mayoría de las personas dicen: “métete de maestro es más fácil”, pero no saben las cosas que uno debe de conocer para poder este estar frente a cuarenta, treinta, treinta y cinco niños, y trabajar con ellos, viendo que cada uno de ellos es un mundo. Nunca hay una meta fija […] porque sería llegar a una zona de confort […]. Yo me mantengo, porque uno tiene que estar en constante innovación referente al proceso de aprendizaje en los niños”.

kenia.hernandez5932@alumnos.udg.mx