Año 14, Número 180.

Estos procedimientos se pueden aplicar para el manejo de problemas como ansiedad, depresión, obsesiones, fobias, estrés, disfunciones sexuales, trastornos de personalidad, trastorno por déficit de atención y condiciones severas como los trastornos de espectro autista o la esquizofrenia

Ilustración: Pixabay

Elba Mirella Arredondo Urtiz

Felipe de Jesús Díaz Reséndiz

Ya sea que se trate de las clásicas transmisiones de radio y televisión abierta o de las más modernas plataformas digitales de entretenimiento, hay ciertas cosas que no cambian, como el hecho de que la programación está plagada de campañas publicitarias que ofrecen soluciones, mediante diversos productos, servicios o acciones, a las dificultades que cotidianamente enfrenta la población. Un candidato promete trasformar la forma de actuar de quienes gobiernan para ayudar efectivamente a la ciudadanía, una carismática mujer afirma que el uso de un detergente puede evitar las rabietas de un hijo adolescente, un médico respalda el uso de un tónico para que los niños aprendan mejor, un atractivo hombre de negocios afirma conocer la clave para mejorar la productividad de sus empleados… Lo que no cambia y que estos ejemplos tienen en común es que estas dificultades son relativas a algún tipo de comportamiento humano. Para todas estas dificultades existe una disciplina científica que se enfoca específicamente en el cambio conductual para mejorar la vida de las personas: el Análisis Conductual Aplicado (ACA).

La eficacia del ACA ha sido plenamente demostrada, especialmente en países desarrollados como EUA, Italia o Suiza; debido a esto, a su gran campo de aplicación, su cientificidad y relativa sencillez, ha ganado reconocimiento mundial. Sin embargo, en México son pocos quienes han oído hablar del ACA, menos son los que conocen en qué consiste o qué es lo que hace un analista de la conducta, y estos últimos son un grupo definitivamente muy reducido. Por tanto una tarea pendiente es acercar el ACA a más personas para que conozcan y se beneficien de sus efectos positivos.

El ACA es la ciencia aplicada dedicada a describir, comprender, explicar, predecir y mejorar la conducta. Los principios en los que se basa provienen del Análisis Experimental de la Conducta y encuentran un punto de aplicación en la tecnología conductual, cuyo propósito es la resolución de problemas de comportamiento de relevancia social, de ahí que su campo de aplicación sea tan extenso e incluya ámbitos como la educación, la industria, la medicina, la psicología, entre otros.

En todos los niveles educativos, el ACA atiende tanto a poblaciones con dificultades de aprendizaje como poblaciones típicas en las que se busca aumentar el rendimiento en diversas habilidades académicas. También es útil en el manejo de comportamientos disruptivos o indisciplinados que interfieren en el proceso de enseñanza aprendizaje, como la agresividad o la hiperactividad, y de manera complementaria proporciona herramientas para aumentar las habilidades conductuales de los docentes y de los padres de familia para la educación de sus hijos. 

Los procedimientos de modificación conductual del ACA también se aplican en empresas y organizaciones para incidir en el comportamiento de los trabajadores y que éste mejore los indicadores de calidad tan necesarios en este ámbito como la productividad, la eficacia, la competitividad o la reducción de accidentes de trabajo.

En el campo de la salud, el ACA ha desarrollado, aplicado y mejorado técnicas y estrategias para tratar algunos problemas médicos como la migraña, algunos tipos de dificultades respiratorias o la hipertensión. El campo más prolífero es el desarrollo de programas encaminados a la adquisición de comportamientos que permiten mantener o recuperar la salud, como la modificación de conductas de riesgo, la adherencia al tratamiento, el establecimiento de estilos de vida saludables o el manejo del estrés.

Una de las principales tendencias de intervención clínica es la incorporación de los procedimientos del ACA  para el manejo de problemas como ansiedad, depresión, obsesiones, fobias, estrés, disfunciones sexuales, trastornos de personalidad, trastorno por déficit de atención y condiciones severas como los trastornos de espectro autista o la esquizofrenia. Cuando se trata de población infantil, el tratamiento incluye el entrenamiento a los padres, con el propósito de modificar y mejorar sus prácticas y habilidades para lidiar con estos y otros comportamientos.

Cabe señalar que desde el enfoque del ACA las categorías diagnósticas son utilizadas como términos que permiten describir con una sola palabra o frase patrones de comportamiento disfuncional, pero el énfasis no está en la denominación sino en la descripción de las problemáticas en términos de déficits (insuficiente cantidad de una conducta) o excesos conductuales (demasiado de un comportamiento); por ejemplo, en los problemas de comportamiento en infantes las conductas disruptivas tales como berrinches, peleas, desobediencia, rebeldía o agresividad son considerados excesos conductuales, en tanto que los problemas de conducta verbal, la ausencia de control de esfínteres o la falta de independencia y habilidades para el autocuidado se consideran déficits conductuales. Asimismo, se afirma que una conducta se emite y se mantiene a partir de las consecuencias que produce en el ambiente. Por tanto, es posible modificarla cambiando las variables ambientales que se relacionan con dicho comportamiento. Por ejemplo, es mucho más probable que la rabieta del adolescente del que se habló al principio se deba a que en situaciones anteriores ese comportamiento le ha servido para obtener lo que quiere, y no al uso de cierto detergente; esta conducta puede modificarse si, como parte de una estrategia, no se le proporciona aquello que demanda y al mismo tiempo se le enseñan formas funcionales para solicitarlo.

La demanda social de profesionales capaces de responder a las problemáticas sociales va en aumento, por consiguiente, también el campo laboral para el analista conductual. Por eso el ACA es una opción de formación para egresados de carreras como educación, trabajo social o psicología. Hasta hace muy poco la formación y acreditación de un analista conductual era una posibilidad casi exclusiva para los residentes en E.U.A e implicaba acreditar un examen de certificación y obtener la licencia correspondiente. En fechas muy recientes se determinó que la certificación como analista conductual era necesaria y válida sólo dentro del territorio estadounidense, lo cual abre las puertas a otras opciones de formación y un buen ejemplo de estas opciones son los posgrados Maestría y Doctorado en Psicología con Orientación en Calidad de vida y Salud, que se ofrecen en el Centro Universitario del Sur.


elba.arredondo6563@alumnos.udg.mx

CVU CONACyT 828139

Doctorado en Psicología con Orientación en Calidad de Vida y Salud