Año 14, número 165.

A las seis en punto ya esperábamos el café,

esperábamos el café y la migaja caritativa

que iban a servirnos desde cierto balcón

—como reyes antiguos, o como un milagro.

Todavía estaba oscuro: un pie del sol

se posó en una larga onda del río.


El primer ferry del día acababa de cruzar el río.

Con tanto frío, confiábamos en que el café

estuviera muy caliente —ya que el sol

no prometía ser tibio— y en que la migaja fuera

un pan para cada cual, con mantequilla, por milagro.

A las siete, un hombre salió del balcón.


Permaneció un minuto, solo, en el balcón

mirando hacia el río por encima de nuestras cabezas.

Un sirviente le alcanzó los elementos del milagro:

una simple taza de café y un panecillo

que él se puso a desmigajar —su cabeza

literalmente entre las nubes, junto al sol.


¿Estaba loco el hombre? ¿Qué cosas bajo el sol

intentaba hacer, allá arriba en su balcón?

Cada cual recibió una migaja, más bien dura,

que algunos arrojaron desdeñosos al río,

y en una taza una gota del café. Entre nosotros,

hubo quienes siguieron esperando el milagro.


Puedo contar lo que vi entonces. No fue un milagro.

Una hermosa mansión se alzaba al sol

y llegaba de sus puertas aroma a café caliente.

Al frente, un balcón barroco de yeso blanco,

guarnecido por pájaros de los que anidan junto al río

—lo vi pegando un ojo a la migaja—

8 y corredores y aposentos de mármol. Mi migaja

mi mansión, hecha milagro para mí,

a través de los siglos, por insectos y pájaros y el río

que trabajó la piedra. Cada día a la hora

del desayuno, me siento al sol en mi balcón,

encaramo en él los pies y bebo litros de café.


Lamimos la migaja y tragamos el café.

Al otro lado del río, atrapó al sol una ventana

como si el milagro se hubiera equivocado de balcón.


Elizabeth Bishop
Imagen: Pixabay

El 6 de octubre es el 41 aniversario luctuoso de la poeta estadounidense Elizabeth Bishop, quien obtuvo el Premio Pulitzer de poesía en 1956.

Bishop es distinguida como poetisa laureada en estados Unidos, estuvo influida por la poetisa Marianne Moore, con quien entabló una cercana amistad. Publicó artículos en varios diarios de su país y fue profesora en la Universidad de Washington, en la de Hardvard, en la de Nueva York y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

También a muchos poetas al inglés, entre ellos Octavio Paz, João Cabral y Carlos Drummond.

Entre los reconocimientos que se le otorgaron están el premio Houghton Mifflin, el National Book Awar, el National Book Critics Circle Award y el internacional de literatura de Neustadt.

De su obra destacan North & South, A Cold Spring, Questions of Travel, entre muchos otros.