Año 17, Número 245.

Daniela Hernández

Evelyn Flores

A principios del siglo XX, surgió en México uno de los movimientos artísticos más importantes y distintivos en América Latina: el muralismo. Liderado por un grupo de intelectuales pintores, el muralismo se produjo durante la Revolución Mexicana en 1910, a raíz de las demandas radicales que buscaban una transformación en el ámbito político, social y económico. Sin embargo, no fue hasta 1921 cuando se formó oficialmente el Movimiento Muralista Mexicano, en el momento que José Vasconcelos asumió el cargo de Secretario de Educación Pública y comisionó a varios artistas a pintar una serie de murales en las paredes de la Secretaría Nacional y la Escuela Nacional Preparatoria.

Azucena Rodríguez Anaya, actualmente Coordinadora de la Casa Taller Literario Juan José Arreola, es una de las artistas que se han dedicado al muralismo en Zapotlán el Grande. Cuando tenía 9 años, Azucena hizo su primer cuadro al óleo: un unicornio monocromático. En ese entonces vivía en Tijuana y cuenta que no tuvo una formación en dibujo o pintura antes: su aprendizaje siempre ha sido autodidacto y menciona que su curiosidad es la que la ha hecho explorar diferentes técnicas de pintura, sobre todo en tela y al óleo. 

La técnica óleo sobre tela ha sido para Azucena el estilo que más le ha gustado y con el que más cómoda se siente por la precisión y paciencia que se requiere; a diferencia de la pintura vinílica que es de secado rápido y mayor matiz. La técnica al óleo es de secado más lento, pero esto permite al artista ir agregando y mezclando los colores en un lapso de tiempo más prolongado, donde se obtienen los trazos marcados característicos de la técnica. Sin embargo, la técnica vinílica también la ha utilizado, en específico para el nuevo mural de la Licenciatura en Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur (CUSur), “Sursum Corda” o traducido al español “arriba los corazones”. 

La idea del mural llegó a sus manos por la iniciativa de los alumnos de tercer semestre, ahora sexto semestre de esta licenciatura. La artista aceptó la idea, pues años atrás, cuando era estudiante de la misma carrera, había propuesto un boceto al rector en turno, pero fue rechazado. Tiempo después se volvió a presentar la oportunidad cuando era Jefa de la Biblioteca Hugo Gutiérrez Vega del CUSur, pero de igual forma no era el momento adecuado. Azucena siempre tuvo la curiosidad y ganas de hacer dicho mural, por lo que su momento de hacerlo era ahora: fue en un homenaje al doctor Vicente Preciado Zacarías donde los alumnos se acercaron a proponerle la idea de pintar un mural para la licenciatura. Originalmente, el mural incluiría elementos representativos de la carrera y a la maestra María del Refugio Rodríguez Ibarra, mejor conocida como la maestra Cuquita. No obstante, la artista propuso también que se incluyera al doctor Preciado Zacarías, por ser el fundador de la licenciatura y una figura importante y muy querida dentro de las primeras generaciones. 

Alrededor de 21 días Azucena estuvo trabajando en el mural, pero en realidad “Sursum Corda” llevó un año de planificación. Afortunadamente, tuvo el apoyo de las autoridades del CUSur, y las condiciones climáticas fueron las indicadas para la elaboración.

Al ser el mural por y para la comunidad de letras, consideró plasmar elementos que reflejaran su cosmovisión de lo que es la literatura, lectura y escritura. Los rasgos que resaltan a primera vista son la profesora y el profesor a quienes se hace homenaje, por ser las personas que más han trascendido en la docencia esta licenciatura. De acuerdo con la artista, la mirada, al lado izquierdo, representa el asombro por la lectura, mientras que la figura del minotauro es la representación de la cultura grecolatina. La esfera multicolor es lo que Jorge Luis Borges definía como Aleph, una esfera que contiene el universo en pasado, presente y futuro. De la figura sin rostro brotan frases en latín y emblemáticas de diferentes autores; entre ellas la frase que da título al mural: Sursum Corda, una frase en latín que el doctor Vicente solía decir a sus alumnos. A su vez, la calavera representa la muerte, pero no en un sentido negativo, sino que, aún después de la muerte, los escritores no son olvidados. El hombre en llamas describe el tormento al que los escritores se exponen durante su proceso creativo, que no siempre es agradable; por otro lado, la figura femenina en diferentes colores simboliza a todas las mujeres que se adentran en el universo de las letras. Por último, el ajedrez y la amapola se interpretan como un juego de aventura y tentación por la literatura, a comparación del laberinto formado por las letras L y H, que personifica a todos los estudiantes que se han sentido perdidos en la carrera, pero también aquellos que han persistido y salido adelante.

En esencia, Azucena comparte que el mural “Sursum Corda” es decir “arriba los profesores quienes nos enseñaron y gracias por ello” y resalta que, a su vez, es importante que la voces de los estudiantes se unan para realizar proyectos como éstos, que sean un homenaje desde el cariño a aquellos que nos han enseñado el largo camino de la literatura.

daniela.hernandez6686@alumnos.udg.mx

evelyn.flores3032@alumnos.udg.mx