Año 17, Número 242.

El libro es profundo, muy profundo, y no carece de elegancia. Desde las primeras líneas que leí me pareció que me encontraba con alguna obra gótica, hasta romántica (el movimiento literario)

Verónica Jazmín Hernández Álvarez

Novela negra le llaman en la contraportada. Poesía dice ser. Es y no es un libro porque tiene mucho espacio en blanco en las pocas páginas que conforman su viaje a la derecha, pero tiene muchas capas hacia abajo, yéndose de boca hacia la oscuridad de sus propias líneas. Perdónenme, sólo estoy divagando. La verdad, si es que la hay, es que Diálogo del hombre como lobo de sí mismo, poemario de Christian Anguiano, es una maravilla. Christian Anguiano no se ha andado con tal vez al escribir los versos que no alcanzan a llenar el material impreso, pero que bien se inflan y rellenan la mente. Novela negra, repito, le han llamado. Y no les falta razón. Ya puedo ver este libro conectado a alguna especie de drama policial de una productora de películas independiente, de esas que se desarrollan en la oscuridad de un sótano, y que al final no llegan a nada pero te dejan pensando mucho.

El libro es profundo, muy profundo, y no carece de elegancia. Desde las primeras líneas que leí me pareció que me encontraba con alguna obra gótica, hasta romántica (el movimiento literario). No podría dejar de mencionar lo maravillada que me sentí por la sensación de oscuridad que emanaban las palabras, como si el autor buscará en lo oculto la forma de decir las cosas, que en sí tampoco están muy claras, no para el cerebro, aunque tal vez sí para el corazón. Y en todo esto,  Anguiano mantiene este tono reflexivo para hablar (me había olvidado de decirlo) de un asesino. Un lobo, por así decirlo, porque así lo dice él. Un hombre, asumimos, que ve las primeras grietas de la tierra en la inexactitud de las arrugas de sus manos. Un hombre maltratado desde la infancia, que se distanció de todo amor al separarse de la madre al nacer, y que abandonó toda niñez junto con la muerte de su padre, en la que estuvo sospechosamente presente, pero que ahora es un recuerdo borroso revelado en sus manos de asesino. Finalmente, un hombre  que ahora no se reconoce, pero está seguro de que hay algo en sus manos, algo tan complejo que una adivina no se puede dar el lujo de fingir leer. El lobo.

Llama mucho la atención la manera en que Anguiano escribe, formalmente hablando. Aunque no estamos ante algo nuevo, ni sus líneas desordenadas nos harán ahogar en vano un grito de emoción (eso lo hará el lenguaje), el acomodo de las líneas es sumamente distintivo. Primero que nada, nos encontramos con un libro dividido en seis partes. Pues bien, Epifanía, estigmas de una mano, es una primera exploración; como el comienzo de un recuerdo, del hombre y su lobo, la insinuación de algo que hizo y de la marca que ha dejado su cruel vida en las marcas de sus manos. ¿Qué significan? ¿Cómo podría alguien leerlas si ni él se conoce ya? El personaje misterioso recuerda sufrir, abandonar su infancia junto a su padre muerto, y por su mente obsesiva no pasa nada más. Fantasmas nocturnos, segunda sección, habla de pesadillas. Palabras extrañas que pueblan los sueños de este extraño hombre. Erratas es aún más intrigante, cada poema, muchos comparten el título de la sección, parece explorar la vida, desde el punto de vista de este protagonista que se ha perdido a sí mismo. Lupus y Sangre, cuarta y quinta sección, exploran al lobo, los recuerdos ocultos, a un nivel aún más profundo que antes. Y finalmente, Apéndice o Archivo de recortes, una sección dónde se declara real la historia del asesino que escribe versos y se le acompaña con recortes alusivos a sus propias obsesiones. Prácticamente una novela.

Cada una de estas secciones está llena de poemas cortos, mezclados con otros géneros: casi narrativa, casi teatro. A momentos habla en redonda y en otros en cursiva, por lo general usando la primera para describir el estado del personaje, versos contundentes que se refieren al lobo, y la segunda para pensamientos más reflexivos, incluso trascendentales, más como el estado confuso de su alma. A veces mezcla diálogos, a veces narraciones, y hasta recortes, sin dejar atrás el tono y el tema alrededor del que los construye.

Por su parte, el lenguaje utilizado no es complicado, pero es sumamente elegante. Sin dejar de usar palabras comunes, Anguiano logra construir significados que hacen las bases de sus versos y forman el ambiente de la historia. Es decir, me parece que las combinaciones de palabras que usa son las responsables de que parezca tan alucinante lo que en resumidas cuentas es «sólo» la historia y pensamientos de un asesino. Pero, ¿qué  más podemos esperar de la poesía? Alegrémonos de que en la actualidad podamos leer versos como estos.

Y en cuanto a los temas abordados, todos giran en un mismo eje. La persona, el lobo y, por supuesto, aquello que lo irrita y que lo despierta. Se habla constantemente de las manos, ellas parecen no solo ser un recuerdo de lo que aparentemente sucedió cuando el personaje “abandonó su infancia”, sino un reflejo de quién es, o mejor dicho, de que no sabe quién es: “porque no puedes reconocerte, ni en esas manos, ni en aquella piel, desgastada por las caídas”, dicen los versos. Otra figura, alrededor de la que gira el misterio del asesino, es el padre y su muerte. Se le recuerda como un ser desagradable, aunque también equivocado, víctima de la vida: “Padre ojos de furias cautivas, pupilas color de odio y escape de espíritu, risa de infierno y voz de sentencia”, pero también “Padre engañado, pensador trivial de la vida eterna, solitario, narciso sin lago…”. Más adelante, aparece además la figura de la vidente, aquella que lee las manos, y figura que el autor cuestiona por su dudosa capacidad de leer los mismos destinos en un mundo de infinitas posibilidades y de gente, igualmente infinita, que no conoce. Aparecen también sentimientos, pensamientos, casi todo el libro se conforma de una extraña sensación de estar en la mente decadente del asesino, y eso es lo que le da más encanto a la obra. Por tanto, no pueden faltar en los versos referencias al «hombre como lobo de sí mismo», los recuerdos, la sangre, el cuerpo y la mente.

En fin, Christian Anguiano logró hacer una obra memorable y sumamente concisa, y eso es algo impresionante en la poesía. La gente lo ha dicho: una novela negra, este poemario tiene la unidad y sentido de una novela, a pesar de tratarse de escritura en verso y más que nada retazos de la mente de un lobo dormido. Y además de la forma, el autor logra hacer sentir maravillas con el lenguaje sin llegar a hacerlo complejo o garigoleado. Se trata de una lectura que, al interesado, recomiendo completamente. Entiendan o no entiendas la historia detrás de los versos, al menos uno de esos poemas estoy segura te dejará pensando.

veronica.halvarez@alumnos.udg.mx