Año 15, número 193.

De tono realista y escrita a modo de memoria, el tema central de esta novela corta es el amor y la sexualidad incipientes

Martín Aguayo Rivera

Escrita desde la nostalgia hace más de cuarenta años, Las batallas en el desierto, cuya autoría corresponde al escritor mexicano José Emilio Pacheco, fue publicada por primera vez en el periódico Unomásuno en 1980. De tono realista y escrita a modo de memoria, el tema central de esta novela corta es el amor y la sexualidad incipientes. La historia fue adaptada al cine por Alberto Isaac en 1986, y al teatro por Verónica Maldonado y Ghalí Martínez en 2011; sirvió, además, como cimiento para el disco Las batallas de Café Tacvba. Actualmente, la Editorial Era es la encargada de publicar y difundir la novela, junto con la obra completa del autor.

Carlos, el niño protagonista de esta historia, se enamora de Mariana, madre de uno de sus compañeros. Lectoras y lectores somos testigos del viaje que el protagonista emprende en busca de satisfacer su deseo, el cual no es explícito: ¿qué era lo que en verdad quería Carlos?, al final recibe un beso de Mariana —o mejor dicho, un casi beso— pero, ¿en verdad eso quería? o, al contrario, ¿quería simplemente confesar su amor? Al final, lo que en realidad importa no es lo que consigue, sino lo que aprendió. ¿Es, pues, Las batallas en el desierto, una novela de educación?

En palabras del crítico literario Mijaíl Bajtín el subgénero de la novela de educación se divide a su vez en cinco categorías. En la primera de ellas los conflictos que atraviesa el héroe marcan su destino, cambian su estatus económico y social, pero no su psique; esto es, los cambios se dan fuera pero no dentro. El héroe es un punto inmóvil, rodeado de un entorno altamente variable pero que no lo afecta. Si bien es cierto que Carlos, al principio de la novela, es un niño de clase media-baja y al final, su estatus cambia al de la clase alta, muchos son los motivos por los que se puede asegurar que Las batallas en el desierto no corresponde a esta categoría, a saber: Carlos no es un punto constante, sufre una confusa fluctuación de pensamientos y emociones luego de su declaración de amor. Atraviesa por la religión y el psiquiatra, por la reflexión interna, para luego darse cuenta de que en realidad no hizo nada malo.

En el segundo subgénero, llamado novela de desarrollo del hombre, tanto el protagonista como el entorno son entidades variables y la transformación del héroe es imprescindible para la historia. Bajtín señala que este tipo de novela está marcada por un carácter cíclico y en general se observan las tres edades del héroe. Este detalle hace imposible la relación: el narrador, que es al mismo tiempo protagonista, de Las batallas en el desierto refiere la historia de su yo pasado. La historia de un niño que atraviesa el engorroso camino hacia la adolescencia. Pero más allá no hay nada: no refiere adultez ni vejez.

El tercer tipo de novela de educación es el biográfico y autobiográfico. El tiempo ya no es cíclico y vida y destino se funden con el desarrollo del protagonista. La relación de nuestro objeto de estudio con esta tipificación novelística se da más que con las otras dos, pero en Las batallas en el desierto no solamente importa el desarrollo del héroe, sino también del espacio, como veremos más adelante.

El cuarto tipo de novela es el más alejado de la que motiva el presente texto. De características puramente didáctico-pedagógicas, este tipo de novela gira en torno a un proceso educativo, planteando de tal suerte, una idea pedagógica que puede o no ser explícita pero es sobre la cual está sustentada la historia. Algo ajeno en Las batallas en el desierto, cuyo propósito genuino no es en ningún momento la educación de quien lee.

El quinto tipo de novela de educación es el más afín con nuestra novela. En este, el desarrollo histórico y el héroe están directamente relacionados.  Para Bajtín, en los otros cuatro tipos de novela “El hombre se iba desarrollando, el mundo no; el mundo por el contrario, era un inmóvil punto de referencia para el hombre en proceso de desarrollo”. Carlos se desarrolla junto con su mundo. No está situado en una época, sino en el límite entre dos épocas. Los dos primeros capítulos de la novela son pura nostalgia. Vemos en ellos la descripción de un “mundo antiguo”: los programas de radio, las lecturas, los coches que circulaban por aquellas calles. Descripción que sirve como fotografía de la capital mexicana de esa época: los gustos, las aficiones, el estatus económico, cultural y social de un México que aún intentaba reponerse de los embistes de la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera. Fotografía de un México en cuyos radios sonaban “Sin ti”, “La rondalla”, “La burrita”, “La Múcura” y “Amorcito corazón”. Un México al que apenas llegaban los ecos del idioma vecino, traídos por las películas de Tin Tan: “tenquíu, oquéi, uasamara, sherap, sorry, uan móment pliis”.

Es este último punto, donde los cambios del devenir histórico se vuelven evidentes: en el núcleo de la familia de Carlos, el único que desde un inicio tiene cierta noción del inglés es el padre. Pero más tarde, cerca del final, el papá lee el idioma sin problemas; una de las hermanas de Carlos se recibe de secretaria en inglés y español; Héctor, el hermano mayor, dirige una empresa transnacional, lo que implica conocimiento del idioma, e incluso el mismo Carlos, a quien al final lo vemos con un ejemplar en inglés de Perry Manson. Probablemente el gesto más ilustrativo al respecto se da cerca del final de la novela: Carlos se encuentra con Rosales, lo invita a comer, y en la sinfonola del establecimiento termina “La Múcura” e inicia “Riders in the Sky”. La incipiente sustitución lingüística, el libro de Perry Manson, la canción de Johnny Cash y la posterior mudanza de la familia a New York  son pruebas claras del estado de sitio entre dos épocas y dos mundos diferentes.

Ahora bien, el espacio físico sufre también un cambio: el edificio donde vivían Mariana y Jim, la escuela a la que asistía Carlos, su casa y en suma todas las casas y edificios de la colonia Roma fueron demolidas. Los espacios donde alguna vez tuvo lugar esta historia se convirtieron en escombros. El “mundo antiguo” vuelto polvo de desierto, el sitio ideal para cimentar un mundo nuevo.

En el centro de esta transición espacial y cultural, Carlos vive su propio punto de quiebre: escapa de la escuela y corre en busca de Mariana para confesarle su amor. Ya en el departamento y al fin habiéndose lo dicho, recibe la negativa. ¿Qué otra cosa podía recibir? La diferencia de edad entre estos dos personajes es la fuerza antagónica por la cual el protagonista no consigue satisfacer su deseo. Y es justamente este detalle —el amor no consumado— lo que hace de esta una historia memorable.

Al final, luego de que Rosales le contara del presumible suicidio de Mariana, Carlos corre al departamento donde confesó su amor, toca el timbre y la realidad le abre la puerta: Mariana no está. Llama a todas las puertas del edificio, pregunta al portero: busca en los escombros su yo del pasado, pero no encuentra más que ruinas. Acá, el aprendizaje del héroe es que a nadie le importa que todo aquello haya terminado. A nadie le importa la muerte de Mariana. A nadie más que a él. Y entiende que el paso del tiempo arrasa con todo.

Este conjunto de cambios muestran que Las batallas en el desierto es, en efecto, una novela de educación, y más específicamente una novela realista de desarrollo que es como la llamaba Bajtín. Hecho que, cabe aclarar, no la desvincula con las otras tipologías de novela de educación, dado que hay características puntuales en la novela que se pueden estudiar mediante tales premisas: a saber, el ocasional vagabundeo de Carlos entre las calles de la ciudad de México; el tono humorístico en algunos pasajes de la novela, cosa que la acerca a la rama humorística de la novela de desarrollo del hombre, entre otras.

Escrita desde hace ya más de cuarenta años, Las batallas del desierto se sitúa, pues, dentro de “las grandes novelas del realismo”. Somos testigos, mediante esa sinergia creada entre el devenir del héroe y el devenir histórico de la novela, del derrumbe de una ciudad que ya no le pertenece al héroe, ni a nadie de ese mundo, y que se ha convertido solamente en la ciudad de la nostalgia.

riveradeagua@gmail.com