Año 18, número 302.

Cuando tenía un par de años de haber llegado a Ciudad Guzmán, tuve la oportunidad de tomar un taller de fotografía. Como parte de las actividades recorrimos el Centro Histórico y fue entonces cuando conocí una de las obras más emblemáticas de la ciudad: la réplica de El hombre de fuego, de José Clemente Orozco.
Recuerdo que me impresionó la similitud con la obra original y la forma en que podía apreciarse al levantar la mirada hacia el techo del kiosco. En ese momento jamás pasó por mi mente que algún día conocería al artista responsable de esa réplica.
Tres años más tarde, esa oportunidad se presentó de manera inesperada. Durante la realización del mural «El respeto a nuestras diferencias», elaborado en el marco de la Jornada Nacional de Murales y Mosaicos Por el Amor y la Libertad, organizada por la Coordinación de Extensión del Centro Universitario del Sur (CUSur), conocí al maestro Vicente Graciano Rocha López, autor de la obra.
El maestro Rocha es artista plástico y muralista. Es originario de Jiquilpan, Jalisco, localidad perteneciente al municipio de San Gabriel; desde hace varios años reside en Ciudad Guzmán, donde ha desarrollado gran parte de su trayectoria artística. Entre sus obras más representativas se encuentra la réplica de El hombre de fuego, realizada en 1997. A lo largo de los años también ha realizado diversos trabajos en la región, entre ellos el mural de la fachada del teatro de la Escuela Normal, la cúpula del templo de San Pedro, en la parroquia de la colonia Constituyentes, y la obra conmemorativa por los 50 años de Pedro Páramo, en San Gabriel.
Durante la entrevista, el maestro compartió el proceso creativo detrás de la obra y explicó que representar el tema de la diversidad fue uno de los mayores desafíos que ha enfrentado. Para ejemplificar recordó la experiencia que vivió al realizar el mural dedicado a Pedro Páramo.
Relató que leyó la novela alrededor de quince veces sin lograr comprender plenamente cómo llevarla a un lenguaje visual. Fue únicamente después de un proceso de reflexión cuando encontró la forma de plasmarla en un mural.
En esta ocasión, el reto fue aún mayor. Explicó que, al investigar sobre la diversidad, encontró múltiples perspectivas, muchas de ellas relacionadas con la diversidad sexual. Sin embargo, el mural debía ir más allá e incluir aspectos como la religión, la ideología y las diferencias culturales.
Frente al mural, el artista comentó que la idea era bastante compleja; sin embargo, después de meditarla logró relacionarlo con la universalidad del ser humano, la diversidad cultural y la huella que las personas dejan a lo largo del tiempo. El mural fue plasmado en un muro del edificio H del CUSur, conocido como Complejo Multidisciplinario.
Tras ese proceso creativo, el resultado llegó en tiempo récord. En apenas cinco días de trabajo colaborativo por parte de la comunidad universitaria y pese a las adversidades del clima, quedó concluida una obra completamente original. Incluso, el mural cambió de nombre poco antes de su conclusión. Inicialmente se contemplaba un título relacionado con la diversidad, pero finalmente se optó por El respeto a nuestras diferencias.
Para el maestro, ese cambio sintetizaba mejor el mensaje que buscaba transmitir.
«Esta frase, que da título al mural, engloba mejor el mensaje que se buscaba transmitir. El hecho de reconocernos distintos y respetar esas diferencias incluye aspectos como la raza, la religión, la diversidad sexual, la política, la ideológica y la cultura. El respeto hacia el otro, entendiendo que todos, resume el sentido de la obra».
Antes de concluir la entrevista, el artista también agradeció la confianza depositada en su trabajo y reconoció la participación de la comunidad universitaria en la elaboración del mural.
«Quiero agradecer a la Universidad y a la maestra Vanessa Velarde, coordinadora de Extensión, por la confianza. También a todas las personas que participaron, desde quienes colocaron el logotipo de su carrera hasta quienes aportaron alguna capa de pintura. Este mural nos permitió integrar muchas voluntades y demuestra que, a pesar de nuestras diferencias, es posible construir algo en común, Eso fortalece más el concepto de respeto a nuestras diferencias.»
Al terminar de escribir este texto, me resultó inevitable recordar aquella primera vez que observé la réplica de El hombre de fuego en el kiosco del Centro Histórico. Nunca imaginé que la admiración que sentí entonces por aquella obra me llevaría, años después, a conocer a su autor y descubrir, a través de su testimonio, el significado de un mural que nos recuerda que las diferencias no son motivo de división, sino una invitación al respeto.
Sofía Caro
trinidadsofia22@gmail.com