Año 18, número 279.

Por qué esta sensación de ir a buscarte
hacia donde por mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(que hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.
Luna, una vez más aquí estoy detenido
en la encrucijada de múltiples espantos.
El pasado es todo lo perdido
y si del presente me levanto
es para ver que estoy herido
(y de muerte)
porque ya el futuro lo he vivido.
Ésa, indiscutiblemente, ésa es la suerte
que por venir del infierno arrostro.
Extraña amante,
sólo me queda contemplar tu rostro
(que es el mío)
porque tú y yo somos un río
que recorre un páramo incesante,
circular e infinito:
un solo grito.
Reinaldo Arenas (1943–1990) fue un escritor cubano reconocido por su estilo literario innovador y su firme oposición al régimen castrista. Nació en Aguas Claras, Holguín, y desde joven se vinculó con la Revolución cubana, aunque pronto se desencantó por la represión política y cultural. En La Habana trabajó en la Biblioteca Nacional y publicó su primera novela, Celestino antes del alba (1967), la única que logró editar en Cuba.
Fue perseguido por su disidencia y su homosexualidad, lo que lo llevó a prisión y al silenciamiento editorial. Logró exiliarse en Estados Unidos durante el éxodo del Mariel en 1980, y en el exilio escribió gran parte de su obra más importante, como El portero, Otra vez el mar y la autobiografía Antes que anochezca (1992), donde relata su vida marcada por la censura, el exilio y la lucha por la libertad.
Diagnosticado con VIH, Arenas se quitó la vida en Nueva York en 1990. Hoy es recordado como una voz valiente y esencial de la literatura latinoamericana, símbolo de resistencia frente a la opresión política y sexual.