Año 18, número 307.

Al escuchar palabras como sismo, temblor o terremoto, es común pensar que cada una describe una intensidad diferente. Incluso, por la forma en que las usamos cotidianamente, pareciera que existe una escala entre ellas: un sismo sería algo ligero; un temblor, algo intermedio; y un terremoto, un evento de gran destrucción.
Sin embargo, no es así.
El maestro Paul César Zamora Ruiz, jefe del Área de Gestión Integral del Riesgo Universitario del Centro Universitario del Sur, explica que las tres palabras hacen referencia al mismo fenómeno: el movimiento de la tierra.
“Por la suavidad que tiene la palabra, nos viene a la mente: ‘escalonamos este sismo’; sismo como algo ligero, temblor como algo intermedio y terremoto cuando literalmente la palabra dice destrucción total, no quedó nada de pie. Pero en realidad las tres palabras hacen referencia a lo mismo: movimiento de la tierra”.
Pero entonces, ¿qué es realmente un sismo?
De acuerdo con Zamora Ruiz, se trata de una liberación de energía que ocurre debajo de la corteza terrestre y que provoca el movimiento de las placas tectónicas, así como de todo aquello que se encuentra sobre la superficie.

Vivir sobre una zona sísmica
En México, hablar de sismos no es un asunto lejano. Los movimientos de tierra forman parte de la realidad del país y, por ello, la preparación ante una emergencia ha cobrado especial importancia.
Después del terremoto de 1985 se fortaleció la cultura de la protección civil en México y se creó el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc). Con el paso de los años, los simulacros se convirtieron en una de las principales herramientas para preparar a la población ante una emergencia.
Uno de los ejercicios más representativos se realiza cada 19 de septiembre, fecha que también recuerda el terremoto ocurrido en 1985.
Pero el riesgo sísmico no se limita a la memoria histórica del país. En Ciudad Guzmán, la posibilidad de un movimiento de gran intensidad forma parte de las características geológicas de la región.
La ciudad es considerada una zona altamente sísmica debido a la presencia de una falla geológica activa. De acuerdo con Zamora Ruiz, Ciudad Guzmán está clasificada como una zona tipo D, categoría que, según el Manual de Diseño por Sismo de la Comisión Federal de Electricidad, corresponde a un peligro sísmico severo.

Ante este panorama, conocer el riesgo es apenas el primer paso. La siguiente pregunta es inevitable: ¿qué podemos hacer cuando la tierra comienza a moverse?
Prepararse antes de que ocurra
Para el especialista, la prevención comienza mucho antes de que ocurra un sismo. Tanto en el ámbito familiar como en el institucional, es necesario contar con un plan que permita saber cómo actuar y evitar que, en medio de la emergencia, las decisiones dependan únicamente del instinto.
Una de las recomendaciones es preparar una mochila de emergencia que incluya documentos oficiales, una lámpara y suministros de agua y alimentos suficientes para aproximadamente tres días.
También es importante identificar previamente las rutas de evacuación, las salidas de emergencia y los puntos de reunión.
Pero existe otro elemento que puede resultar igual de importante: la comunicación.
Durante un sismo, la preocupación por saber cómo se encuentran familiares y amigos puede llevar a cientos o miles de personas a intentar comunicarse al mismo tiempo. Esta saturación puede provocar que las llamadas no entren o que el sistema de comunicación colapse temporalmente.
Por ello, Zamora Ruiz recomienda establecer desde antes un punto de reunión familiar y un medio o punto de comunicación acordado.
“En lo personal les pediría que establecieran un punto de reunión familiar, un punto de comunicación y que le den un margen de una a dos horas, en lo que se llega a restablecer este sistema de comunicación”.
La recomendación puede parecer sencilla, pero parte de una idea fundamental: un plan pensado antes de la emergencia puede evitar decisiones tomadas bajo presión.
¿Existe realmente un lugar seguro?
Ante la posibilidad de un sismo, surge otra pregunta: ¿hay un lugar completamente seguro?
La respuesta del especialista es que no existen espacios que puedan considerarse seguros en su totalidad. En materia de protección civil se habla, más bien, de zonas de menor riesgo, debido a que siempre pueden existir factores adversos.
Por eso, más que buscar un sitio que garantice seguridad absoluta, la prevención consiste en conocer el espacio en el que vivimos, estudiamos o trabajamos e identificar cuáles son las zonas que ofrecen mejores condiciones para protegernos.

Detenerse, pensar y después actuar
En este punto cobran especial importancia los simulacros. Para Zamora Ruiz, estos ejercicios no deben entenderse únicamente como una actividad que se realiza por obligación, sino como una oportunidad para desarrollar una cultura de autoprotección y detectar áreas de oportunidad que puedan corregirse antes de que ocurra una emergencia real.
Y hay una idea que puede resultar contradictoria para muchas personas: durante un sismo no siempre es correcto evacuar inmediatamente.
El instinto puede llevarnos a correr hacia la salida en cuanto comienza el movimiento. Sin embargo, hacerlo sin analizar las condiciones del entorno puede exponernos a otros peligros.
La recomendación del especialista es detenerse, pensar y decidir.
Primero, identificar las características de la estructura en la que nos encontramos y buscar un espacio que permita realizar un repliegue, como una zona protegida por un marco rígido. Una vez que el movimiento haya terminado, entonces sí se debe proceder a evacuar siguiendo las rutas previamente identificadas.
Porque prepararse para un sismo no significa vivir con miedo a que la tierra se mueva. Significa entender que puede ocurrir y saber qué hacer cuando ocurra.
La tierra no avisa cuándo comenzará a moverse. Lo que sí podemos decidir es cómo responder ante ello. Tener una mochila preparada, conocer las rutas de evacuación, establecer un punto de reunión y participar en los simulacros son acciones sencillas que, llegado el momento, pueden marcar una diferencia.
Al final, la prevención no consiste en esperar a que ocurra un desastre, sino en prepararnos para que cuando suceda, sepamos qué hacer.
Sofia Caro
trinidadsofia22@gmail.com