Número 297, año 18.

Me miro al espejo todos los días intentando reconocerme.
Me escaneo de pies a cabeza. Nada funciona.
Desde la punta de mis dedos hasta el último mechón de mi cabello que a veces siento ajeno…
Me busco, pero no me encuentro; no me encuentro más.
Intento localizar mis sueños, pero lo único que encuentro son más miedos.
¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy?
Porque estoy segura que la persona que está frente al espejo no soy yo.
Busco, busco, busco; debió quedar mi corazón en algún cajón;
Busco, busco, busco; debieron quedar mis sueños y lo que siempre he sido en algún rincón.
¿Y mi cabello que tantas veces transformé como si en cada color pudiera encontrarme de nuevo? ¿Y esa voz firme que no temblaba cuando defendía lo que creía? ¿Dónde quedó todo por lo que se supone yo iba a luchar? ¿dónde carajos está la mujer que no iba a permitir todo lo que permitió?
Me miro al espejo y no me reconozco, quizá porque dejé de ser yo.
Y sé que muchos lo llamarán madurez, que es porque ya me he vuelto adulta,
Pero no, no, de verdad que no.
He abandonado tanto lo que soy, lo que creí ser, lo que anhelaba ser.
He abandonado lo que quería hacer, adonde quería viajar, a donde no quería regresar.
Mis límites se volvieron arena entre mis dedos, deshaciéndose hasta el punto que permití lo impermisible; lo que mi yo jamás hubiera siquiera pensado aceptar…
No me reconozco, ¿quién carajos es la mujer que está parada frente al espejo?
¿Acaso lo único que quedó fue esta ansiedad y esta vil tristeza que no han dejado de seguirme?
Me recorro de pies a cabeza como si buscara una señal de mí misma, grito en silencio, esperando que mi antigua yo me salve, pero no me escucha; nadie me escucha.
Me he quedado sin voz de tanto que he callado; me he quedado sin lágrimas de tanto que llorado.
Tal vez mi antigua yo también me abandonó.
Tal vez se avergonzó de en quién me convertí.
¿Y podría acaso culparla? Soy todo lo que ella jamás quiso para mí; soy sólo el reflejo de miles de errores acumulados frente a un espejo que ni siquiera me pertenece.
Quizá esto es todo lo que queda de mí; quizá esto son solo las cenizas de lo que un día fui.
Y es que la miro a ella, a esa mujer que se para todos los días frente al espejo, y solo puedo notar la decepción y frustración que cargan duramente sus hombros…
Pero entonces, ¿quién abandonó a quién?
¿ella me dejó sola después de ver en lo que me había convertido? ¿o yo la abandoné a ella al pensar que quizá no sería suficiente si se quedaba así? ¿quién destruyó a quién?
¿En qué momento una abandonó a la otra? ¿en qué momento creí que debía perderla y tenía que crear una “mejor versión? ¿Acaso ella no era suficiente?
Pero ¿por qué no lo era? Si recuerdo que era una chica lista; bastante inteligente me atrevería a decir. Jamás dudo de su inteligencia y su potencial y se mostraba en el mundo como auténtica y capaz.
¿Por qué no lo era? Si ella se quería comer al mundo de un bocado; no tenía miedo a irse de ningún sitio si eso implicaba perseguir sus sueños.
¿Por qué no lo era? Si ella era la persona más fuerte que conozco; había sufrido como nadie lo había hecho, y aun así se levantaba y continuaba sola, porque solo se tenía a ella.
¿Por qué no lo era? Si defendía sus ideales y límites para cuidarse; no permitía que ni su propio padre le dijera quién era o qué no debería ser; experimentaba en su cuerpo con colores y tinta porque era dueña de su mente, de su alma y su ser.
¿Por qué no lo era? Si era bastante divertida; le gustaba descubrir, bailar, soñar despierta. Le gustaba pensar en viajar, escribir, vivir del arte en algún lugar de Italia; hacía chistes y reía con quienes quería.
¿Por qué? ¿por qué no lo fue?
Si siempre fue quien me salvó; si siempre supo cómo salvar a lo que creí que quedaba de mí en cada ocasión que sentía que me desvanecía. Jamás titubeó, jamás se detuvo, y fue capaz de llevarme de un lado a otro aún con el corazón y la vida hecha pedazos.
Y yo…
Yo no pude salvarla a ella…
no la salvé,
porque fui yo quien la abandonó creyendo que nunca había sido suficiente…
La dejé tirada…deshecha. No sostuve su mano como ella lo hizo conmigo tantas veces; no la levanté y la llevé conmigo porque creí que ya no la necesitaría… que ahora yo era mejor.
Y por mi culpa ahora no sé quién está frente a ese maldito espejo; por mi culpa ahora la sigo buscando cada mañana mientras me visto.
Yo la abandoné,
Fui yo;
Porque sé que ella jamás me hubiera dejado sola.
Me he condenado, quizá para siempre, a vivir sin volver a verla.
Me he condenado, para siempre, a ser solo su sombra.
Me he condenado, definitivamente, a no poder volver a ser ella.
Condenada, irremediablemente, a no reconocerme.
A mirar cada mañana ese espejo… y preguntarme quién carajos soy, porque ya no sé si yo sea yo.
Lissette Natali Covarrubias Gálvez
Lissette.covarrubias9989@alumnos.udg.mx