Año 18, Número 284

Diseño: Karely Preciado

“Déjalos, son niños” “Está chiquito, todavía no entiende”, “Este niño, se la pasa todo el día nomás gritando, dando vueltas, brincando de aquí para allá “¿Cuántas veces hemos escuchado frases de este tipo? En nuestra cultura al tratarse de crianza, solemos caer en extremos, por un lado, se encuentran los adultos que pretenden mantener a sus hijos pequeños “sentaditos y calladitos”. Por otro lado, están quienes creen que los niños pequeños no entienden instrucciones, y que, por ser niños, pueden gritar y moverse sin límites, sin importar que ese comportamiento (de manera inconsciente), pueda causar daño a alguien más o a ellos mismos.

¿Quién tiene la razón? Quienes pretenden tener a sus hijos “sentaditos y calladitos” seguramente lo hacen a través de regaños, intimidaciones o amenazas. Sin embargo, la naturaleza de un niño es el juego, el movimiento, la exploración y la curiosidad. Así que, si tu hijo es muy tranquilo y no muestra interés por jugar, descubrir o socializar con otros niños, deberías preocuparte. Y si ha dejado de hacerlo por miedo al castigo y al regaño, también deberías preocuparte.

A pesar que el cerebro permanece generando conexiones neuronales a lo largo de la vida, los primeros años son cruciales. Si hablamos de los primeros 3 y 6 años, el movimiento es fundamental para la generación y organización cerebral que le permite al niño a futuro poder permanecer sentado en un salón de clases y prestar atención mientras aprende. Por lo tanto, tener a las/los niños/a “sentaditos y calladitos” no es la mejor opción porque cuando un niño deja de moverse, explorar o hacer preguntas; significa que hay algo serio en su interior. Esto se podría deber a un factor emocional o neurológico que tendrá repercusiones en su desarrollo psicomotor, cognitivo, social y emocional, por lo que debemos actuar lo antes posible.

El cerebro de un niño cuenta con más conexiones neuronales de las que puede usar, gráficamente se podría comparar con un nudo de hilos que al estar enredados son poco funcionales, tendríamos que cortar y desechar varios hilos para dejar espacio y desenredarlos, solo de esa manera podríamos usarlos. Justo eso sucede con las neuronas en un cerebro infantil, existen tantas conexiones neuronales que la coordinación se vuelve tosca y se eliminan todas las neuronas que impiden una conexión adecuad para dar paso a aquellas que permitirán al infante movimientos organizados con sentido y con propósito. Esto es algo que pasa de manera natural y se nombra Poda sináptica o Poda neuronal según lo denomine cada autor.

El desarrollo de las conexiones neuronales se da de manera gradual; de arriba hacia abajo y del centro hacia afuera. Así pues, las extremidades logran control y coordinación antes que las manos y los dedos. Si un niño no se mueve, no genera estas conexiones necesarias; y cuando llegue la “poda” le será difícil desarrollar las habilidades necesarias para el aprendizaje escolar. “Sentaditos y calladitos” jamás será una opción saludable, a menos que, después de mucha práctica, el niño haya logrado la autorregulación y esté preparado para permanecer sentado, callado y prestando atención. Si no es el caso y el niño permanece sentado y callado por miedo, existe un grave problema.

El desarrollo de la psicomotricidad es esencial y por ello debemos permitirle al niño que se mueva, corra, brinque, explore y descubra por sus sentidos, siempre y cuando existan límites claros. No se trata solo de moverse; sino de tomar conciencia de que el niño llegue a la autorregulación y a la interiorización del movimiento, es lograr conjuntar mente y cuerpo, tener un objetivo y con base en este, planear una secuencia de movimientos que le permitan llegar a la meta, implica concentración, autorregulación, inhibición (control de impulsos) y memoria de trabajo (la encargada de mantener la información y las secuencias de trabajo mientras se realiza una tarea).

Con esto, podemos decir que de trata pues, de la educación individual y consciente en todos los sentidos. Cuando un niño logra regular sus impulsos y hacerse consciente de su cuerpo, su movimiento al unísono de sus pensamientos. Cuando logra organizarlos, ya estará preparado para sentarse frente a un maestro y dejarse guiar en el camino del aprendizaje. Es en este punto donde se comienza a gestar un adulto con responsabilidad social y consciente.

Por lo tanto, ni “sentaditos y calladitos” ni “brincoteando de aquí para allá” todo el tiempo, lo más favorable es permitirles que jueguen, corran y descubran, siempre con límites y reglas claras. No hace falta gastar en juguetes costosos, basta con rescatar los juegos tradicionales mexicanos con sus reglas y dinámicas para estimular el desarrollo de la atención, las funciones ejecutivas, la conciencia corporal y el aprendizaje.

Andrea Leticia Barajas Montes
andrea.barajas5968@alumnos.udg.mx