Año 18, número 286

Tras la lectura del cuento “Niña” de la autora caribeña Jamaica Kincaid, el cual fue publicado en The New Yorker en el año 1978, concluyo que se trata de un texto independiente que abarca una narrativa cruda e intensa. En esta breve lectura que inaugura la carrera literaria de Kincaid, se abre una temática que será desarrollada en el resto de sus obras, en este caso desde la perspectiva de una relación de madre e hija, donde se trata la opresión de género y la experiencia caribeña de forma crítica y directa.

Mediante una larga enumeración de instrucciones de una madre dirigida a su hija, apenas dando breves espacios para pequeñas respuestas, las indicaciones abarcan una amplia gama de actividades y normas que van desde las tareas domésticas y el comportamiento adecuado a ojos de la sociedad, hasta advertencias casi (afirmaciones) sobre sexualidad y conducta. De forma autoritaria, busca moldear a la niña para que se rija bajo las especificaciones que brinda la madre, cuya voz domina el texto casi en su totalidad, transmitiendo conocimientos de manera estricta y fomentando el miedo hacia los estigmas, además de formar la necesidad de cumplir con las expectativas impuestas en su entorno, como si fuese la representación de perfección que toda mujer debe alcanzar. Al carecer de pausas, se refuerza la sensación de agobio y control, dejando las pocas respuestas de la niña como meros comentarios insignificantes que ni siquiera logran interrumpir el constante flujo de órdenes, el cual no se detiene y se mantiene en la temática del papel de la mujer en la vida diaria, teniendo al hombre como un ser al cual satisfacer, agradar y servir.

El tema central del cuento “Niña” es la transmisión de normas sociales y de género en un contexto patriarcal y colonial. En ella se nota una educación femenina marcada por el miedo, la vigilancia y la necesidad de cumplir con un ideal de perfección. La madre hace mención a las tareas domésticas, tales como el lavado y secado de las prendas de ropa o el proceso de poner la mesa para servir las distintas comidas del día. Esto se relaciona con otras menciones, en este caso de la conducta adecuada para guardar apariencias, donde se expone que la imagen es fundamental para no caer en los estigmas y malas impresiones que puedan causar repudio a sus alrededores. También se hace mención de algunas recetas y remedios, dando a entender que se está transmitiendo un saber ancestral que forma parte de la propia cultura caribeña, por dudosa que ésta pueda llegar a ser.

Se expone que las mujeres son instruidas para agradar, servir y evitar el juicio social, sobre todo al relacionarse con los hombres, que son quienes en su mayoría validan todos estos requisitos a cumplir. La niña por su parte, es moldeada para ser útil, discreta y obediente, sin opción a refutar ni replicar ni una de las cosas que se le dicen. Al tratarse de órdenes y órdenes sin parar, se da la sensación de que la única opción que queda para una inocente niña, es resignarse y acatar las palabras de su madre al pie de la letra. A parte, le advierte sin cesar del riesgo de convertirse en una figura despectiva sexualmente hablando, advertencia que se repetirá como si fuese una amenaza y una profecía a la vez, dotada de violencia simbólica, pues resulta en un comentario cruel, sobre todo siendo dirigido a una niña que de seguro no tiene mucha idea de lo que todo esto implica en primer lugar. Esto también demuestra que este entorno de represión, normas y expectativas, se forma y transmite desde el hogar y no al estar próxima a integrarse en la sociedad como una figura adulta.

“Niña” es un cuento breve, pero cargado de significado, como si se tratase de una forma de emitir un grito sin sonido alguno. Kincaid expresa de forma contundente lo que muy seguramente haya sido una experiencia propia en su localidad, enfatizando en lo cruel que ésta puede llegar a ser. Si bien se puede relacionar también a muchas otras partes del mundo, resulta devastador enterarse de que una simple niña haya tenido que acatar todas estas obligaciones sin importar en absoluto lo que pensara hasta limitar su propio comportamiento fuera del cumplimiento de las tareas. Que sea juzgado de una manera tan cruda el mero hecho de llevar a cabo alguna actividad proclamada como exclusiva del hombre, como si esto tuviese un verdadero sentido cuando se analiza en profundidad, denota lo complicado que debió ser crecer en ese entorno, como si tuvieses un ojo vigilante en tu espalda en todo momento, aguardando a que faltes a tu impuesto compromiso. Esto gana aún más peso cuando se descubre que, en muchas partes del mundo en la actualidad, sigue habiendo educación y comportamientos similares, siendo que lo ideal sería que hubiese una erradicación de este modelo opresor, incitando a la reflexión y, por impulso de Kincaid y otras autoras similares, crear consciencia de estos casos.

Kevin Josué Villalobos Partida

kevin.villalobos6257@alumnos.udg.mx