Año 18, número 287

Imagen: Pixaby

Larsen 

Los tornos se están quedando sin alfareros.

Las piezas antes brillantes descansan opacas como recuerdos por olvidar,

Las ropas llenas de barro ahora están totalmente limpias,

Los huaraches se cambiaron por tenis y el sombrero está colgado al entrar.

La mesa de trabajo se convirtió en un desierto de polvo y trozos de loza quebrada, 

Los moldes figuran sombras de ausencias.

El horno ya no flama como antes, su calor se reduce a cenizas.

Y el olor a humo evoca el recuerdo lejano de lo fue.

Las piezas frescas se revientan bajo los rayos del sol,

Las quemadas se quedan empolvadas, convirtiéndose en testigos mudos de una tradición.

Ya nadie pide ollas para los frijoles, ni busca barro para su remedios 

Dejando un eco de ayuda que resuena entre las paredes de una cazuela vacía.

Cada día hay menos loza y el altar se expande más, 

De cinco tornos vivos, ya solo quedan tres.

El más viejo se detiene constantemente y rechina susurros de cansancio;

Los dos más pequeños siguen forjando y aprendiendo con cada arruga que nace en su rostro.

Alfarero creador de tu propia ofrenda 

En los platos de barro esperarán tus comidas,

En el jarro, el ponche que disfrutabas en vida,

En macetas, flores de 20 pétalos que guiarán tu alma a la que  fue tu casa.

Como las sombras al atardecer, sus dueños se desvanecen a los pies de quien los moldeó; 

Creador de mí, hazme mañana.

Deja una última pieza que  tenga tu esencia y que perdure con nosotros 

¿Cuál será?

      Un sumerio.

              Prende el copal.

                       Murió un alfarero.

Saira Guadalupe Méndez Morales 

sairamendez011@gmail.com