Año 18, número 280.

Cuando termina el semestre, muchos estudiantes anhelan desconectarse de todo: clases, tareas, horarios. Sin embargo, al llegar las vacaciones, lo que suele predominar no es precisamente el descanso absoluto, sino otra forma de conexión: la digital. Las redes sociales, el streaming, los videojuegos y las plataformas de contenido breve se convierten en los nuevos protagonistas del tiempo libre. Y aunque no haya exámenes ni entregas, las pantallas no se apagan.
De acuerdo con el Estudio sobre los Hábitos de las Personas Usuarias de Internet en México 2023, elaborado por la Asociación de Internet MX, los jóvenes de entre 18 y 24 años pasan en promedio más de ocho horas diarias en internet, y durante las vacaciones ese número puede incrementarse. Las plataformas favoritas son TikTok, YouTube, Instagram y Netflix. A esto se suman los videojuegos en línea y los maratones de series, convirtiendo el verano en una temporada hiperdigital.
Lo curioso es que esta dinámica, aunque común, no siempre equivale a descanso real. Un estudio de la Facultad de Psicología de la UNAM advierte que el uso excesivo de pantallas puede provocar alteraciones del sueño, fatiga visual, irritabilidad y aislamiento. Además, en muchas ocasiones se genera una sensación de vacío o ansiedad cuando no se está en línea, lo que evidencia una relación de dependencia tecnológica.
Entonces, ¿cómo se vive el verano para muchos estudiantes? Para algunos, la conexión constante es un refugio: redes para compartir, reír, evadirse o aprender algo nuevo. Pero para otros, también puede convertirse en una rutina agotadora. Se despiertan con el celular en la mano, pasan horas frente a la pantalla, y por la noche, el algoritmo sigue marcando el ritmo del día.
Esto no significa que la tecnología deba verse como enemiga del descanso. Por el contrario, puede ser una herramienta valiosa si se usa con conciencia. Ver películas, leer en línea, tomar un curso gratuito o incluso crear contenido puede ser enriquecedor. El problema surge cuando el cuerpo y la mente no tienen espacio para no hacer nada, para aburrirse, caminar, observar o simplemente estar en silencio.
En tiempos donde “desconectarse” parece imposible, quizás el verdadero reto está en recuperar momentos de presencia. Tal vez no se trata de apagarlo todo, sino de reconfigurar nuestras vacaciones, dándole al descanso un lugar más humano, menos saturado y, sobre todo, más libre de algoritmos.
Jacqueline Contreras
jacqueline.contreras@cusur.udg.mx