Año 18, número 289

El poema “El vampiro” de Efrén Rebolledo realza las escuelas literarias que caracterizan al escritor: el modernismo parnasiano y el decadentismo. Ambas corrientes se distinguen por su singular forma de trabajar los textos, desde la perfección formal hasta los temas de rigor exótico y lujoso que suelen abordar. Sin embargo, Rebolledo utiliza ambas joyas literarias fusionadas con el erotismo y el exotismo, dejándonos en claro que su repertorio poético es un llamado al amor sensual y todas sus consecuencias: la obsesión, la decadencia, la entrega, la sumisión y la muerte.
El poema presenta el amor y el deseo como fuerzas obsesivas que, lejos de ser fuente de vida, se transforman en una experiencia destructiva que culmina en la muerte simbólica del yo lírico. “Mientras yo agonizo, tú, sedienta” (v. 11) es el verso que concentra esta idea: el placer extremo coincide con la agonía, reforzando la unión entre eros y thanatos (Paz, 1993; Bataille, 2010).
Se trata de un soneto tradicional, con la estructura formal de dos cuartetos y dos tercetos, catorce versos endecasílabos y rima consonante con el esquema clásico (ABBA ABBA CDC DCD). Esta cualidad de perfección formal es una característica que se mantiene en la mayoría de los escritores modernistas de la época (Romero López, 2008). Efrén Rebolledo fue uno de los últimos exponentes de este movimiento literario; aun así, logra conservar de manera eficaz estas tradiciones en su poesía, añadiendo su toque distintivo: el erotismo y la exploración de la sensualidad en su lírica (Sheridan, 1986).
En “El vampiro”, el autor representa el apasionado encuentro entre dos personas utilizando figuras retóricas que fortalecen la idea de la sensualidad y explotan el erotismo. “Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos / por tus cándidas formas como un río” (vv. 1-2) muestra la metáfora del deseo como torrente incontrolable, mientras que “Esparzo en su raudal crespo y sombrío / las rosas encendidas de mis besos” (vv. 3-4) refuerza la tensión entre pasión y oscuridad. Además de ser excelso en su forma, el poema es rico en contenido: Rebolledo utiliza metáforas, hipérboles, personificaciones, comparaciones, antítesis, metonimias y, sobre todo, imágenes sensoriales que nos transportan a la experiencia del yo lírico.
La figura del vampiro como representación femenina refuerza el gusto del autor por el arquetipo de la femme fatale: “Finges un negro y pertinaz vampiro / que de mi ardiente sangre se sustenta” (vv. 13-14). Esta mujer seductora y peligrosa tiene el poder de terminar con el amante que se entrega sin importar su propia vida. Rebolledo rescata estas ideas desde la mujer sensual y destructiva, capaz de consumir la existencia por la sed del deseo, hasta el estado de sumisión al que puede llegar el amante por la sed de la obsesión (Coba Gutiérrez, 2015; García Guerrero, 2018).
“Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos / por tus cándidas formas como un río”. Este verso introduce la imagen del deseo como un torrente incontrolable. La metáfora del río sugiere movimiento, fuerza y continuidad, características que trasladadas al ámbito erótico revelan la obsesión del hablante. El contraste entre “rizos lóbregos” y “cándidas formas” refuerza la tensión entre pureza y oscuridad, anticipando que el placer no será inocente, sino una corriente que arrastra hacia lo sombrío.
“Esparzo en su raudal crespo y sombrío / las rosas encendidas de mis besos”. Aquí se intensifica la idea de pasión ardiente sobre un fondo oscuro. Las “rosas encendidas” simbolizan el fuego del deseo, mientras que el “raudal sombrío” mantiene la atmósfera lúgubre. Esta combinación de luz y sombra muestra cómo el placer se experimenta en un espacio marcado por la fatalidad, donde la belleza y la muerte se entrelazan.
“Un largo calosfrío / me recorre y penetra hasta los huesos”Este verso describe el efecto físico del contacto, pero con un matiz inquietante. El “calosfrío” no es solo placer, sino una sensación que invade y penetra, sugiriendo vulnerabilidad y pérdida de control. Al llegar “hasta los huesos”, la experiencia se vuelve total, casi mortuoria, anticipando la agonía que se menciona más adelante.
“Mientras yo agonizo, tú, sedienta” El clímax del poema se concentra en esta línea: el hablante agoniza mientras la mujer permanece “sedienta”, lo que indica que el deseo femenino no se sacia, incluso ante la muerte del amante. Esta imagen refuerza la idea de que el placer extremo conduce a la destrucción, y que la relación erótica se convierte en una dinámica de poder donde uno vive a costa del otro.
“Finges un negro y pertinaz vampiro / que de mi ardiente sangre se sustenta” La metáfora vampírica es la culminación simbólica del tema. La mujer aparece como depredadora, asociada a la figura de la femme fatale, consumiendo la vida del amante. El acto erótico se transforma en una experiencia de desangramiento, donde la pasión se paga con la muerte.
El erotismo, la sensualidad, el amor, la muerte y el sentir son cualidades humanas que nos revelan nuestra fragilidad. No somos inmunes a las sensaciones; solemos entregarnos sin medir las consecuencias. El poema “El vampiro” de Efrén Rebolledo expone esta vulnerabilidad con maestría, mostrando cómo el amor, cuando se disfraza de obsesión, puede arrastrarnos hacia la decadencia y la destrucción. La figura femenina, convertida en vampiro, simboliza la sed insaciable del deseo y la sumisión del amante, quien acepta su destino fatal. De esta forma, Rebolledo no solo celebra la belleza formal del soneto modernista, sino que también nos confronta con la paradoja humana: la búsqueda del placer absoluto que, inevitablemente, conduce a la muerte.
Grecia Odalis Navarro Naranjo
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