Año 18, número 290

Diseño: Marcela Avalos

Es curioso cuánto se habla para tan sólo 

no llegar al fondo de la cuestión

Alejandra Pizarnik

Hace algunos años tuve la fortuna de que llegara a mis manos una antología modernista, en ella coexisten las figuras más reconocidas: José Martí, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Enrique González Martínez y Julio Herrera y Reissig. Nunca supe explicar qué detonaba en mí la poesía modernista; tal vez las imágenes, las formas, los estilos, los colores, sin embargo, extrañamente había una respuesta casi espiritual, aunque se tratara de tópicos muy alejados a mi cotidianeidad. Eso fue la poesía y desde entonces, no concibo que deje de tener dicho efecto en mí. 

En el presente ensayo se hablará de la voz poética de Julio Herrera y Reissig y sus fuertes motivaciones modernistas en el poema “Momento poético”. Si bien el autor no figura en la lista de escritores seleccionados, el análisis de su poesía no tiene pérdida ya que es un importante referente de dicho movimiento literario. 

Julio Herrera y Reissig tuvo una vida difícil, como es típico de los buenos poetas. Nació en una familia numerosa en Montevideo, Uruguay, destacó por su creación poética y ensayística, mismas que lo consagraron como líder de la vanguardia modernista en la literatura uruguaya. De manera temprana, su imaginario poético fue bien recibido, entonces comenzó la evolución de su propuesta romántica, dirigida a la vanguardia modernista que posteriormente lo convertiría en un referente para otras obras y poetas latinoamericanos importantes. Las principales obras de Herrera fueron escritas en sus últimos años de vida, ya que a la edad de treinta y cinco años falleció sin haber desarrollado plenamente su imaginario poético, lo que dota de cierta magnificencia impecable a su corta obra, con la sola añoranza de lo que pudo ser a futuro. 

Ahora bien, su obra está dotada de elementos como el paisaje así como de motivaciones personales, idílicas y filosóficas desde una perspectiva romántica que es imposible no distinguir, el aura sugestivo y cierta cualidad etérea es lo que distingue sus versos de otros poetas y, de manera simultánea, su aportación al mundo poético. Acerca de la poesía de Herrera Paganini menciona que: 

Heredera del simbolismo, la poesía de Julio Herrera y Reissig logra insuflar, por entre los perfiles nítidos de sus paisajes y las coloraciones definidas de sus ambientes, un aura de sugerencia y una corriente de significaciones rica y matizada, propias no sólo del objetivo perseguido por las escuelas y las maneras literarias, sino de la buena poesía”.

Como es evidente, el modernismo se ve influenciado por la tradición francesa: elementos como símbolos que se utilizan en el romanticismo francés son rescatados y empleados por los poetas modernistas. Sin olvidar que, al igual, muchos modernistas toman símbolos de la mitología griega que simultáneamente crean un diálogo intelectual, además de que enriquecen su lírica. 

La lírica del poeta se rige también por concepciones humanas, tales como la dualidad de la existencia: el bien y el mal, a través de una voz que lamentablemente no pudo madurar del todo y de la que sólo se puede dilucidar su grandeza. Según Borges, la poesía de Herrera destaca por: 

“La lírica de Herrera y Reissig es la subidora vereda que va del gongorismo al conceptismo: es la escritura que comienza en el encanto singular de la voces para recabar finalmente una clarísima dicción. De igual manera que en la cosmogonía mazdeísta se oponen belicosos el mal y el bien, fueron armipotentes en su yo la realidad poética y el simulacro de esa realidad. Fue un posible forastero de la literatura, pero al fin entró a saco en ella”.

La idea descrita anteriormente se representa de manera clara en el poema “Momento poético”. El poema es una reflexión sobre la percepción estética del mundo, tópico propio del modernismo; el autor busca captar a través del verso, el instante fugaz de un encuentro casi idílico, inundado por la belleza del paisaje y la inspiración. “Con las pupilas ebrias de visiones / persiguiendo una estrella asaz remota, / íbamos con la sombra que denota / las inefables reverberaciones” . Como es notorio, esta corriente literaria se caracterizó por la utilización de elementos simbólicos desde una postura que engloba lo tangible: cisnes, piedras preciosas, efectos ópticos, flores, colores, texturas y formas.

El poeta rememora un encuentro romántico con la persona amada, utiliza elementos del romanticismo que embellecen el panorama y el paisaje, a medida que narra el trastabillar del espíritu y su búsqueda del sentido a través de la belleza de las cosas, como es evidente en la estrofa siguiente: “Yo suspiraba sin saber razones / o hablaba indiferente y como idiota / ella reía, con sonrisa ignota / aunque menos que en otras ocasiones” .

En el ámbito literario existe el debate sobre la jerarquización de fondo y forma. Se trata de un tópico atemporal que cuestiona cuál es el elemento más importante en una composición, este cuestionamiento está mínimamente presente en la poesía modernista pues se basa principalmente en cuestiones meramente estéticas, que pecan de superfluas. Aún así, existe cierta cualidad sublime en versos como: “¿Era simple quimera, amor cobarde / romanticismo o nubes de la tarde? / yo sólo sé que regresamos llenos”. En ellos se invita a la autorreflexión, así como a la introspección de lo que presuntamente podría ser una conexión romántica, a la vez que otorga una pizca de complacencia y de añoranza al aceptar lo que es sin maquillarlo. 

En la última estrofa, la poesía de Herrera da un vuelco que se intuía desde versos anteriores. “De visiones, soñando hacia una estrella / yo suspiraba un poco más… y ella? / ¡y ella sonreía un poco menos!” . Sugiere la presunta muerte de un momento romántico, casi poético. Con ayuda de versos de métrica cuidadosa, el poeta crea una alegoría de lo que es el instante, de cualidades subjetivas que construyen nuevamente cierta interacción que termina como algo que sólo se atribuye a la existencia: la temporalidad. 

Finalmente, con el uso de un lenguaje dotado de imágenes casi sensoriales, Julio Herrera y Reissig construye un momento sublime etéreo, etiquetas que sólo el modernismo puede portar. Su poesía puede ser una constante meditación en la que lo cotidiano se tiñe de esencias efímeras e inspiradamente bellas y poéticas, su estilo refleja inequívocamente su formación como modernista que toma elementos del simbolismo y el romanticismo. Los cuidadosos versos y la invitación al cuestionamiento profundo son ideas que se atribuyen a su lamentablemente corto imaginario poético.

Teresa de Jesús Vilchez Gómez 

teresa.vilchez@alumnos.udg.mx