Año 18, número 280.

Imagen: Jacqueline Contreras

Ambientada en un futuro próximo Arañas de Marte (2017) comienza en el aniversario de la muerte de Joan, el hijo de Hanne y Arnau fallecido por cáncer a la corta edad de siete años. A partir de ese momento Hanne comienza a perder la noción de realidad lo que la lleva a vivir en confusión y angustia.

Guillem López (1975) narra la tragedia familiar como el detonante de la serie de angustias personales que afronta Hanne desde que era una adolescente. Tras cuestionarse “¿Por qué no hay un nombre para el padre y la madre que pierden un hijo?” (López, 2017, p. 13) su salud mental se deteriora e intenta afrontar su crisis para recuperar la noción de realidad.

Sin embargo Guillem López no relata desde el realismo sino que su texto se desplaza entre el terror, el horror y la ciencia ficción para arrojar una novela de weird fiction contemporánea, pero sobre todo marcadamente oscura.

Así el texto se mueve de los tropiezos profesionales a los familiares, a la confusión del mundo tecnológico y a la toma de consciencia adolescente. Por ello Arañas de Marte no es una narración lineal, sino todo lo contrario se trata de un vaivén, ya no entre momentos específicos sino incluso de líneas temporales o posibilidades.

Debido a esto es una novela extraña en el buen sentido para aquel lector que gusta de ser descolocado constantemente. El lecto de Arañas de Marte se ve obligado a replantearse lo que sabe en cada capítulo y sobre todo en qué parte —o en qué momento— de la historia se encuentra.

Es por ello que el extrañamiento es una constante en el texto. Los diversos pasajes que desconciertan, inquietan y perturban al lector como regurgitar hipocampos, la destrucción corporal —al puro estilo de David Cronenberg—, o la alteración del espacio —en una forma que dialoga con la extraña y mítica House of Leaves de Mark Z. Danielewski— son sólo unos ejemplos de cómo Guillem López abona a la ficción especulativa de habla hispana con un libro que no tiene desperdicio.

El acierto del autor es comprender que el horror y el terror surgen en el día a día en las confrontaciones con el dolor físico y emocional, la muerte de un ser querido, la salud como el destino inscrito en el código genético, el encuentro y la pérdida del amor, las separaciones, la tecnología cotidiana, pero sobre todo lo frágil que son el espacio y el tiempo para la mente herida.

La desintegración y reintegración de la realidad como resultado del pensamiento humano son la causa del terror existencial que presenta Guillem en su novela: ¿cómo discernir qué es real? ¿Cómo comprender lo real sin que esté filtrado por la corporalidad humana?

El libro de López vislumbra en momentos aquello que se ha planteado bajo el nombre de “Realismo especulativo” sin abandonar a la ficción oscura: las arañas, los agujeros infinitos, la neurología son símbolos del tejido de la realidad y cómo se nombran en el texto a las fuerzas exo y endógenas que inciden en nosotros. Entre todo esto subyace una cuestión sobre nuestros propios nombres: ¿acaso nuestro destino está prefigurado en ellos?

Son todos estos rasgos los que nutren a una trama enigmática por sí misma y los que vuelven a Arañas de Marte un libro indispensable para los lectores de la ficción especulativa, pero sobre todo porque robustece a la tradición escrita en lengua hispana de un género que no suele gozar de los reflectores.

Ricardo Adrián Gómez Cruz.

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