Año 18, número 281.

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.
Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.
Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 29 de abril de 1936 – 25 de septiembre de 1972) fue una poeta, ensayista y traductora argentina, reconocida por su obra intensa, breve y profundamente introspectiva. Hija de inmigrantes judíos rusos, creció en un ambiente marcado por la lengua y la cultura de sus padres, así como por una salud frágil y una fuerte sensación de extrañamiento, factores que influirían en su escritura.
Estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires, así como pintura con el artista Juan Batlle Planas. A mediados de la década de 1960 vivió en París, donde trabajó como traductora y crítica literaria, y se relacionó con figuras como Julio Cortázar y Octavio Paz. Su poesía explora temas como la soledad, la infancia, el silencio, el deseo y la muerte, con un lenguaje depurado, cargado de imágenes y simbolismo.
Entre sus obras más destacadas se encuentran La tierra más ajena (1955), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y El infierno musical (1971). También dejó diarios y cartas que revelan su universo íntimo y creativo.
Pizarnik luchó contra la depresión y murió a los 36 años en circunstancias trágicas, dejando un legado que la convirtió en un referente de la poesía latinoamericana del siglo XX.
Jacqueline Contreras
jacqueline.contreras@cusur.udg.mx