Año 18, número 289

Diseño: Mia Luna

¡Ese día, ese día 

en que yo mire el mar -los dos tranquilos-, confiado a él; toda mi alma 

-vaciada ya por mí en la Obra plena 

segura para siempre, como un árbol grande, en la costa del mundo; 

con la seguridad de copa y de raíz 

del gran trabajo hecho! 

-¡Ese día, en que sea 

navegar descansar, porque haya yo 

trabajado en mí tanto, tanto, tanto! 

¡Ese día, ese día 

en que la muerte -¡negras olas!- ya no me corteje -y yo sonría ya, sin fin, a todo-, 

porque sea tan poco, huesos míos, 

lo que le haya dejado yo de mí!

El quinteto literario FM

«Nací en Moguer, la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; y mi madre, andaluza, con los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo que jugaba muy poco, y que era gran amigo de la soledad» — Juan Ramón Jiménez 

Juan Ramón Jiménez es considerado uno de los poetas más importantes de la historia, gracias a sus líricas que logran transmitir una gran cantidad de emociones, por algo se ganó el apodo del «Poeta de la belleza». 

Juan Ramón se interesó por la literatura cuando fue internado en el colegio jesuita San Luis Gonzaga, en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María. En aquella etapa descubrió que entre sus compañeros de clase se encontraban los futuros dramaturgos Fernando Villalón y Pedro Muñoz Seca. Juan Ramón muy pronto empezó a experimentar con la literatura, y sus cuadernos y libros de texto comenzaron a inundarse de versos. 

En 1896, con el bachillerato terminado, Juan se embarcó en tomar un curso de Derecho para poder entrar a la universidad. Estando allí, empezó a frecuentar los Ateneos de la ciudad, un lugar donde los escritores Francisco Rodríguez Marín y Luis Montoto, entre otros, celebraban sus famosas tertulias. Esto provocó en Juan una gran fascinación por la literatura, haciendo que comenzara a tener colaboraciones en prensa y a escribir sus primeros textos. 

En 1900, abandonó la carrera y decidió emigrar a Madrid. Gracias a Francisco Villaespesa, un escritor almeriense, el joven empezó a frecuentar los cafés y museos de la capital, y también conoció a autores de la talla de Rubén Darío, Valle-Inclán, Azorín y Pío Baroja, que le aconsejaron que dividiera su obra Nubes en dos volúmenes. Y así lo hizo. El autor titularía estos volúmenes Almas de Violeta y Ninfeas

A lo largo de su vida, este poeta acumuló desgracia tras desgracia. Ese mismo año, su padre falleció a causa de una embolia cerebral, causando en Juan una melancolía que lo inundaba lentamente y parecía no tener fin. 

Conoció a su prometida, Zenobia Camprubí, con quien se casó en Nueva York el 2 de marzo de 1916. Años después, conocería a Margareta, una amiga de su esposa que quedó cautivada por el poeta, declarándole su amor durante más de dos años, en los que Juan se negaba rotundamente. Esto causó que Margaret se quitara la vida a causa

de ese amargo amor no correspondido, lo que provocó mayor melancolía en el artista. Tiempo después, su esposa fue diagnosticada con cáncer, la cual fue la causante de su muerte, dejándolo en un estado mental deplorable. 

En 1940, Jiménez fue hospitalizado durante unos meses, y al recibir el alta, intentó componer dos poemas, Espacio y Tiempo, de los cuales solo terminaría el primero. Ingresó al hospital varias veces, con su enfermedad que rechazaba el medicamento, llegando así el 29 de mayo, día en que falleció. Sus restos mortales fueron trasladados a España y reposan en el cementerio de su Moguer natal, donde recibieron sepultura el 6 de junio de 1958.

karina Marcela Avalos Rincón 

Karina.avalos7102@alumnos.udg.mx