Año 18, número 289

Imagen: Claudia Llanes

El municipio de Gómez Farías en Jalisco posee una historia entrelazada con la naturaleza y el trabajo artesanal. Su origen se remonta a tiempos cuando su primitivo asentamiento se localizó cerca de la laguna en zona fértil y rica de recursos naturales. Los vestigios arqueológicos hallados en el territorio demostraron que, incluso antes de la llegada de los toltecas, chichimecas y nahuatlacas, este vasto espacio ya era habitado por pueblos antiquísimos, poseedores de conocimientos y prácticas adaptadas a su entorno.

Con el paso del tiempo, las constantes inundaciones obligaron a sus habitantes a emigrar  hacia un punto más alto: al oriente, donde hoy se encuentra San Sebastián, la cabecera municipal. Este cambio geográfico no solo garantizaba su permanencia, sino que impulsó la primera gran actividad económica del municipio: la elaboración de artesanías. El extenso humedal Laguna de Zapotlán, la presencia del tule y otras fibras naturales de la región permitieron que los pobladores desarrollaran técnicas que, con el tiempo, se convirtieron en una expresión cultural y símbolo de identidad.

Antes de ser conocido como Gómez Farías, el lugar recibía el nombre de “Cuateoponahuastitlán”, palabra de origen náhuatl que significa “Lugar entre árboles de huaje”. Este nombre, profundamente ligado al entorno natural, refleja la estrecha relación entre el paisaje y las formas de vida que dieron origen a las tradiciones artesanales del municipio.

Entre los materiales más representativos destaca el tule, una planta acuática abundante en los alrededores de la laguna. Existen dos variedades: el tule palmilla, más delgado y flexible, empleado principalmente en la elaboración de productos artesanales; y el tule rollizo, más grueso y robusto, que originalmente fue utilizado como materia prima principal, pero con el tiempo se destinó a la elaboración de embarcaciones tradicionales conocidas como tapeixtles.

El tapeixtle es una embarcación artesanal elaborada a partir de tule rollizo, unida mediante sogas de henequén, hoy reemplazadas por alambre recocido para aumentar su durabilidad, y reforzada con tres varas de madera que le otorgan estabilidad. Su longitud promedio varía entre 90 centímetros y 1.20 metros, y su diseño permite flotar con facilidad para navegar por la laguna y recolectar materia prima. La selección del tule adecuado para esta tarea requiere conocimiento: debe tener al menos 130 días de maduración después del corte del tule, debido a que ese tiempo es el momento en que la fibra se vuelve más compacta, resistente y repelente a la humedad.

El proceso de trabajo del tule también sigue un ciclo natural. El periodo vegetativo ideal para su aprovechamiento artesanal se sitúa entre los 90 y 120 días después del corte, tiempo en el cual conserva su flexibilidad y color característico. De esta materia prima surgen productos como petates, sopladores, canastas, tortilleros, pantallas y demás piezas que combinan utilidad y estética, y que reflejan la creatividad y la sabiduría empírica de quienes las elaboran.

Para los artesanos de Gómez Farías, la artesanía trasciende la mera producción de objetos: es una forma de vida. Su mente no se enfoca únicamente en lo que va a fabricar, sino en la necesidad de sobrevivir a través de la creación. El artesano es una persona libre, capaz de transformar su entorno y dotar de valor a los materiales que la naturaleza le brinda. Cada pieza representa una respuesta al entorno y una afirmación de identidad cultural.

A lo largo del tiempo, los habitantes del municipio han diversificado el uso de fibras naturales como otate, tule y carrizo, además de incorporar materiales como la madera para la elaboración de sillas y otros muebles. Estas prácticas transmitidas de generación en generación, han permitido conservar un patrimonio que forma parte del alma de Gómez Farías, aunque con el paso del tiempo, las generaciones más jóvenes comienzan a perder el interés de seguir con este oficio, amenazando con perder este arte tradicional.

Es importante reconocer que las artesanías constituyeron la primera actividad productiva del municipio. En sus inicios, el oficio artesanal representaba un medio complementario de ingreso para las familias; sin embargo, en la actualidad, la mayoría de los hogares dedicados a esta labor combinan diversos oficios para hacer frente a las necesidades económicas. Aun así, el ser artesano sigue siendo una elección de vida, una manera de mantener viva la memoria y el vínculo con la tierra y el agua que los vio nacer. En Gómez Farías, el arte de transformar el tule y las fibras naturales continúa siendo una manifestación de resistencia, creatividad y pertenencia. Los artesanos no solo fabrican objetos: tejen, con cada pieza, la historia viva de un pueblo que aprendió a sobrevivir entre el agua, la tierra y la tradición.

Alexa Viviana Del Toro Pérez

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