Año 18, número 294.

Diseño: Sofía Caro

El hombre es la más elevada de las criaturas,
La mujer el más sublime de los ideales.

El hombre es el cerebro, la mujer el corazón;
el cerebro fabrica la luz, el corazón el amor;
la luz fecunda, el amor resucita.

El hombre es fuerte por la razón,
la mujer es invencible por las lágrimas;
la razón convence, las lágrimas conmueven.

El hombre es capaz de todos los heroísmos,
la mujer de todos los martirios;
el heroísmo ennoblece, el martirio sublima.

El hombre es un código,
la mujer es un sagrario;
el código corrige, el evangelio perfecciona.

El hombre es un templo,
la mujer es un santuario;
ante el templo nos descubrimos,
ante el santuario nos arrodillamos.

El hombre piensa,
la mujer sueña;
pensar es tener en el cráneo una larva,
soñar es tener en la frente una aureola.

El hombre es un océano,
la mujer es un lago;
el océano tiene la perla que adorna,
el lago la poesía que deslumbra.

El hombre es el águila que vuela,
la mujer el ruiseñor que canta;
volar es dominar el espacio,
cantar es conquistar el alma.

En fin.
El hombre está donde termina la tierra,
la mujer donde comienza el cielo.

El artesano de las palabras

Victor Hugo fue un escritor, poeta, dramaturgo, crítico, pintor y académico francés, reconocido como una de las figuras más influyentes del romanticismo europeo y uno de los pilares de la literatura francesa del siglo XIX. Su obra, caracterizada por la fuerza expresiva, el compromiso social y la exploración de los grandes conflictos humanos, trascendió fronteras y generaciones, consolidándolo como un autor universal.

Desde temprana edad manifestó una inclinación notable por la escritura. Inició su trayectoria literaria cultivando la poesía, género en el que encontró un primer espacio de reconocimiento público. A los catorce años recibió un premio de la Academia Francesa, y a los diecisiete fue galardonado por la Academia de los Juegos Florales de Tolosa, distinciones que evidenciaban ya la madurez y solidez de su talento literario.

Con el paso del tiempo, su producción se expandió hacia la novela y el teatro, campos en los que alcanzó proyección internacional. Entre sus obras más representativas se encuentran Nuestra Señora de París (1831) y Los miserables (1862), textos en los que combinó la construcción de personajes complejos con una profunda crítica social, abordando temas como la injusticia, la pobreza, la redención y la dignidad humana.

Además de su labor literaria, Victor Hugo desempeñó un papel activo en la vida política e intelectual de Francia. En conjunto, su legado no solo definió el rumbo del romanticismo francés, sino que también contribuyó a configurar una literatura profundamente humanista, en la que la creación artística se concibe como instrumento de reflexión ética y transformación social.

Trinidad Sofía Caro Camacho
trinidadsofia22@gmail.com