Año 18, número 81.

Criar no improvisar
Diseño: Jacqueline Contreras.

Las y los bebés son de lo más bello y complejo que puede existir en la tierra. Sea cual sea la razón, el contexto y el momento en el que llegan, vienen a darle un cambio radical a la dinámica de las familias. Es en este momento cuando surgen las inquietudes, sobre todo para mamás y papás primerizos. Aunque seamos expertos en nuestra área, -ya sea ingeniería, agricultura, educación, ganadería o medicina-, nadie queda exento de las dudas y preocupaciones que implican criar a un ser humano.

“¿Qué voy a hacer?. Es tan frágil¿y si se me cae? ¿Qué fórmula debo darle? ¿Amamantar o no amamantar? ¿Cómo le voy a cambiar el pañal? ¿Cómo le estimulo en casa? ¿Cómo saber si se está desarrollando adecuadamente? Y cuando lleguen los berrinches… ¿qué hago: unas buenas nalgadas o le doy lo que me pide para que deje de llorar?”

Al final, cuando nace un bebé, nos enfrentamos a un cúmulo de emociones y sentimientos que van a influenciar nuestra forma de criar. Por mucha o poca preparación que tengamos en el tema, muy posiblemente vamos a terminar repitiendo patrones y daremos la crianza que alguna vez recibimos de nuestros padres. Al final de cuentas, los niños no vienen con manual de instrucciones, y aunque sean gemelos idénticos, su carácter será diferente, lo que funcione con uno, no tiene porque funcionar con el otro.

Así que es momento de respirar y tranquilizarnos, porque no existen los papás ni las mamás perfectas. Existen papás y mamás humanos, y también la educación inicial que ha llegado para fortalecernos y acompañarnos en el proceso.

Y, ¿qué es la educación inicial?…

La educación inicial es un nivel educativo que se ha empezado a implementar desde hace ya varios años, especialmente en las ciudades y en algunas comunidades rurales en las que tanto mamá como papá deben trabajar, este es un nivel que antecede al preescolar y tiene como objetivo fortalecer el desarrollo físico, cognitivo, social y afectivo de menores desde los 45 días de nacidos hasta los 3 años de vida.

Además, busca enriquecer y fortalecer las prácticas de crianza de padres y madres, abordando temas como nutrición, higiene del sueño, establecimiento de límites, control de esfínteres (o cómo dejar el pañal), estimulación temprana en casa, gestión de emociones, creación de ambientes seguros y estimulantes, detección de señales de alarma, la importancia del juego, entre otros.

Actualmente ha sido reconocida como un nivel obligatorio que forma parte de la educación básica, se prevé que en un futuro todas las familias podamos tener acceso a este tipo de educación. Sin embargo, aún hay un largo camino por recorrer, puesto que se requiere de infraestructura y personal capacitado.

La educación inicial parte de la premisa de que los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo integral. Es cuando el cerebro cuenta con mayor plasticidad, es decir, una mayor capacidad para crear conexiones, eliminar las que no usa y aprender cosas nuevas según las necesidades, el contexto y el ambiente al que se vea expuesto.

Es en esta etapa en la que se pueden prevenir déficits cognitivos, y también en la que se cimientan las bases para que los niños y niñas encuentren sentido a la vida, aprendan a desenvolverse en sociedad, a enfrentar obstáculos, a socializar y a ser autónomos e independientes de acuerdo con su edad. En pocas palabras: un niño feliz, sano y equilibrado, muy posiblemente será un adulto funcional, con mayores probabilidades de aportar a la sociedad, y con menores riesgos de involucrarse en conductas delictivas.

Desde esta mirada, y entendiendo que las y los menores pasan la mayor parte del tiempo en casa, surge la necesidad de enseñar a quienes les cuidan -especialmente a padres y madres- a generar ambientes enriquecedores y a modelar comportamientos y actitudes favorables para el desarrollo de sus hijos e hijas. Es por eso que en los años 80’s surgieron los CENDIs (Centros de Desarrollo Infantil) con la finalidad de brindar educación inicial y preescolar a menores de 0 a 6 años, y dar acompañamiento a sus familias.

En Ciudad Guzmán, desde hace ya 34 años, el CENDI 03 Federal “Luz María Serradell Romero” abrió sus puertas para las familias, originalmente iba dirigido solo a hijos/as de trabajadores de la SEP, actualmente está abierto para hijos/as de madres y padres trabajadores, sin importar el sector en el que se desempeñen.

Desde su inauguración, este CENDI ha contado con ambos niveles educativos: inicial y preescolar, de tal manera que los niños y niñas pueden permanecer hasta 6 años en la institución.

Muchas familias quedan encantadas al ingresar a su primer hijo y siguen asistiendo con el resto de sus hijos e hijas. Otras familias ya están conformadas por las primeras generaciones de “niños CENDI”, que en esta nueva etapa de sus vidas, han decidido regresar y convertirse en papás y mamás CENDI.

En los Centros de Desarrollo Infantil se brinda atención integral. En el CENDI 03 las y los agentes educativos son profesionales realmente capacitados para brindar una educación de calidad y un acompañamiento personalizado para cada familia, desde diversas áreas: psicológica, médica, pedagógica, nutricional, trabajo social, entre otras. Ingresar a nuestros hijos/as a un CENDI, no solo es dejarles al cuidado de alguien, es apostar por su sano desarrollo y por el crecimiento armónico de toda la familia. Es adquirir herramientas que nos fortalezcan como mamás y como papás.

Porque sí, es cierto, no podemos ser perfectos, a veces las emociones nos rebasan y cometemos errores; eso es válido, es parte del proceso de criar. No existe un manual ni una universidad que, tras años de estudio otorgue el título de “Lic. en Maternidad/Paternidad”. Por eso cada situación que enfrentemos es una oportunidad para crecer y prepararnos para esta gran labor. Porque la crianza no se improvisa, y la educación inicial es el mejor regalo que podemos darle a nuestras familias.

Andrea Leticia Barajas Montes

andrea.barajas5968@alumnos.udg.mx