Año 18, número 280.

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse…
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar…
Antonio Machado Ruiz fue uno de los poetas más importantes de la literatura española. Nació en Sevilla el 26 de julio de 1875 y desde joven mostró interés por las letras. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza en Madrid, un espacio que marcó su pensamiento crítico y humanista.
Perteneció a la Generación del 98, grupo de escritores preocupados por la crisis social y moral de España. Su poesía comenzó con un estilo modernista (Soledades, 1903), pero pronto evolucionó hacia una expresión más sencilla y profunda, como en Campos de Castilla (1912), donde reflexiona sobre el alma, el paisaje y los problemas del país.
Trabajó como profesor de francés y vivió en varias ciudades españolas. En 1909 se casó con Leonor Izquierdo, quien falleció joven, hecho que marcó profundamente su vida y su obra.
Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), Machado defendió la causa republicana. En 1939 se exilió a Francia, donde murió el 22 de febrero en el pueblo de Collioure, poco después de cruzar la frontera.
Su poesía sigue siendo leída y valorada por su sensibilidad, sencillez y profundidad.