Año 16, Número 214.

En Primera memoria Matute escribió sobre las experiencias cotidianas y los  sentimientos de tristeza y soledad de una adolescente llamada Matia.

Rosa Mata

Las obras literarias guardan una estrecha relación con la sociedad en la que se producen. Tomando siempre como arma y herramienta a la ficción, la literatura cuenta, de manera descarnada, lo que los libros de historia omiten y el periodismo censura. Una de las plumas que más relatos descarnados escribió fue la de Ana María Matute.

Ana María Matute nació en Barcelona en 1925, once años antes del inicio de la Guerra Civil Española. La semblanza de Matute puede resumirse en “imaginación y talento inagotables”. Su amor por la escritura, los cuentos fantásticos y la naturaleza datan desde su primera infancia, a los cinco años germinó en ella la semilla de la creación literaria. Con la naturaleza y la guerra como escuelas, y la convicción de que a la gran literatura se entra con dolor, la autora publicó a lo largo de su vida quince novelas, doce libros para niños y cerca de las mil páginas de cuentos; en sus libros se contienen temas como el bosque, la transición a la vida adulta, el desarraigo, la guerra, y todos los sentimientos que esta provoca.

El presente ensayo es un acercamiento a las hormigas y las flores, dos símbolos utilizados en la construcción del espacio narrativo de Primera memoria, novela publicada en 1959. El análisis exploratorio parte de la aclaración conceptual realizada por Luz Aurora Pimentel en el capítulo «El espacio en el discurso narrativo: Modos de proyección y significación»: “Es obvio, sin embargo, que, cuando hablamos del espacio en la literatura, nos referimos más bien a la «ilusión del espacio» que se produce en el lector gracias a una serie de recursos descriptivos altamente codificados”.

En Primera memoria Matute escribió sobre las experiencias cotidianas y los  sentimientos de tristeza y soledad de una adolescente llamada Matia, al tiempo que retrató usos y costumbres, oficios, la moral católica española, las imposiciones y roles de género (de los que la protagonista reniega), mediante el desarrollo del resto de personajes; de igual manera,  la autora plasmó la situación política, sin dejar de lado elementos característicos de su obra como la presencia de la fantasía medieval, así como la inclusión de los símbolos que motivan este texto: las hormigas y las flores.

Las hormigas aparecen un total de diez veces dentro de la narración, su presencia puede clasificarse en dos grupos: las oraciones que abonan a la construcción del contenido simbólico y las que complementan las ideas de éstas; para el análisis del símbolo se tomarán únicamente las primeras. Ana María presenta el símbolo en descripciones de algunas noches intranquilas de la protagonista: “Incliné el cuerpo cuanto pude hacia la mesilla, para coger el vaso de agua, y entonces, en el vértice de la pared, descubrí una hilera de hormigas que trepaba por el muro”. “De pronto, la cama y sus retorcidas sombras en la pared, hacia las que caminaban las hormigas”. “[…] recuerdo las sombras de los hierros forjados y las hormigas en la pared”; de igual manera, refuerza la construcción del espacio con la presencia de hormigas en su hábitat “[…] y abajo, en el huerto, con las hormigas […]”, cabe resaltar la preposición (abajo) presente en la última oración.

Dando seguimiento a la idea de hormigas en la oscuridad y hormigas en su hábitat, es decir, en la parte más baja, la autora incluyó en la construcción del espacio oraciones e imágenes que relacionan las hormigas y la muerte: “Debajo del banco, a nuestros pies, se abría paso una hilera de hormigas. Borja las mataba una a una, despacito”. “Guiem aplastaba hormigas con el pie”.  Además de la presencia simbólica de las hormigas, es importante destacar la reiteración de una posición inferior, así como la muerte que éstas reciben: lenta y aplastadas con el pie.

En su Diccionario de los símbolos Jean Chevalier incluye sobre las hormigas ideas conectadas con la organización social, valores humanos, relaciones espirituales y representaciones del sexo femenino, tratándose de Primera memoria, la definición que funciona para la interpretación del símbolo en la construcción del espacio es la primera: “1. La hormiga es un símbolo de actividad industriosa, de vida organizada en sociedad, de previsión”. La posición inferior de las hormigas, reiterada a lo largo del relato, hace alusión al sometimiento por parte de un poder mayor, mismo que le provoca la muerte; Ana María fortaleció el contexto de su novela (la guerra), mediante un símbolo que en conjunto con otros elementos remite a la muerte de la sociedad.

Por su parte, las flores poseen un papel más protagónico, son omnipresentes en la novela, sus representaciones, así como sus interpretaciones simbólicas, son diversas:

“De pronto, las flores, como el estupor de la tierra, encarnadas y vivas, curvadas como una piel, como un temblor del sol, gritando en medio del silencio”. “Las flores, a nuestro lado, exhalaban un gran perfume”. “A veces, me daban un miedo parecido las flores que surgían inesperadas, de los pequeños jardines y huertos, tras las casas del pueblo: como denunciando algún misterio de bajo la isla, algún reino, quizá, bello y malvado”. “Las flores de la isla eran algo insólito. Nunca vi flores tan grandes ni de tan vivo color (las de mi tierra eran unas salvajes florecillas de color morado, blancas, o de un asustado amarillo entre las altas hierbas, los árboles y el rocío blanco). Estas flores, en cambio, como nacidas de las piedras, lo dominaban todo: el aire, la luz, la atmósfera”.  “Afuera las flores y el pozo, el olor a moho”. “Y aquellas flores amarillas, con forma de sol”. “A través de la verja pintada de verde, Manuel y yo, muy juntos, mirábamos las flores rojas, como aquella rosa casi negra que se ponía Sanamo en la oreja”. “Se murieron casi todas las flores. Sólo quedaban rosas encarnadas, y otras como lirios apretados, de un suave tono malva”. “Aunque ya no estuvieran las magnolias y se hubieran muerto las flores —excepto las rosas encarnadas tan oscuras y profundas que parecían negras, como de una sangre seca pero aún viva, estremecedora—, estaba todo el aire lleno de un aroma intenso”. “La alcaldesa le envió a la abuela los primeros racimos, en una bandeja de cerámica con flores azules amarillas”.

Las flores poseen distintas connotaciones en la construcción del espacio narrativo, puesto que sus colores, tamaños y ubicaciones son distintas, de igual manera, los fragmentos contienen ideas tanto de vida y luminosidad, como de muerte y oscuridad, por tanto, son distintas las definiciones que pueden tomarse del Diccionario de los símbolos para su interpretación en la novela de Matute:

  1. “Para Novalis (Heinrich von Ofterdingen) la flor es símbolo del amor y de la armonía que caracterizan a la naturaleza primordial; se identifica con el simbolismo de la infancia y en cierto modo con el del estado edénico”.
  2. “Aparte del método y la actitud espiritual que le son esenciales, el arte japonés de disponer las flores (ikebana) entraña un simbolismo muy particular […] existe un modo complejo o ligado, con los tallos descendentes. Esta disposición tiende a expresar la pendiente declinante de la vida, el flujo de todas las cosas hacia el abismo”.
  3. “Asociadas analógicamente a las mariposas, al igual que éstas, las flores representan a menudo a las almas de los muertos”.
  4. “La flor se presenta a menudo como una figura-arquetipo del alma o como un centro espiritual. Su significación se precisa entonces según su color, el cual revela tendencias psíquicas: el amarillo reviste simbolismo solar, el rojo simbolismo sanguíneo, el azul simbolismo de irrealidad soñadora”.

Atendiendo las definiciones reunidas por Chevalier, la escritora española recurrió a las flores como símbolo para crear un espacio narrativo en que coexistieron: una Matia (niña) que descubre el mundo de los adultos; el momento decadente rumbo al abismo que atravesaba la nación española; los muertos y sus almas, que se relacionan directamente con la idea anterior. Se encuentra presente además la idealización de una realidad, el sol que se relaciona con el tiempo narrativo, pues la novela inicia en verano, así como la sangre que se recuerda en distintos puntos del relato.

De manera individual cada flor posee un significado particular, por ejemplo, los lirios presentes en uno de los fragmentos, connotan inocencia y virginidad, reforzando de esta manera el tema de la infancia a punto de perderse. Analizar los significados particulares de las flores mencionadas en Primera memoria es un ejercicio sumamente interesante, que se encuentra fuera de los alcances del presente texto; sin embargo, las aproximaciones  realizadas a las hormigas y las flores como símbolo dentro de la novela, dan cuenta de la habilidad narrativa de Matute para  construir el espacio siendo fiel sus gustos personales, y guardando lealtad a sus temas y postulados: el dolor de la infancia perdida y la guerra.

rosa.mata2544@alumnos.udg.mx